El mundo que está olvidando sus límites
Alberto Benítez Tiburcio La democracia constitucional nació para resolver una pregunta fundamental: ¿cómo impedir que el poder se convierta en abuso? Su respuesta fue sencilla en apariencia, pero revolucionaria en sus consecuencias: limitar el poder mediante leyes, instituciones y contrapesos, y garantizar al mismo tiempo una esfera de derechos humanos que ningún gobernante, partido o mayoría pueda vulnerar. Por eso la democracia constitucional y los derechos humanos forman parte de una misma arquitectura. Nada de ello surgió por generación espontánea. Son conquistas construidas durante décadas a partir de algunas de…
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