El comentario de hoy, jueves 4 de junio 2026
Gobiernos van y vienen y cada día con más fuerza, sindicatos y confederaciones que aglutinan al transporte, se convierten en serios desafíos no sólo para la gobernabilidad sino para la paz social y la convivencia ciudadana. La disputa por el control de contratos, cuestión que ha costado decenas de vidas, no es un tema menor. Se trata de una rica veta de oro a la que, incluso operadores oficiales, pretenden hincarle el diente, bajo la premisa de plata o plomo.
El 17 de abril murió trágicamente si acaso el último eslabón de una dinastía de dirigentes. Primero en la Confederación Nacional de la Productividad y, finalmente, en la Confederación Joven de México. Exactamente a los 10 días, apareció en escena otra: la Alianza de Sindicatos y Asociaciones del Estado de Oaxaca –ASAEO- que, a voluntad o por presión, se propuso aglutinar a miembros del sindicato del malogrado dirigente, imponiéndole calcas y distintivos .
Sin medir consecuencias legales, sino que de manera torpe, la dirigencia del nuevo membrete inició una serie de maniobras para imponer su voluntad. Aparecieron sitios de taxis donde no los había. Y propietarios y administradores de hoteles denunciaron haber recibido emplazamientos para que sólo las unidades de la citada organización presten el servicio.
Ya se introdujeron en los mercados. Esta situación es ya común. Caminar al filo de la ley ha sido la constante en estas agrupaciones. Se ha perdido ese principio del Estado de Derecho en el cual, el libre albedrío se ve limitado por presiones y chantaje. Se trata de un serio asunto de seguridad que, el gobierno federal, vía Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, que encabeza Omar García Harfuch, no debe ignorar.
Ya hemos visto escenas de enfrentamientos; de conatos violentos y, desafortunadamente, de muertes. Ello, por supuesto, ocasiona zozobra y tensión en la propia ciudadanía. La vigencia de la ley no admite distinciones, de ser así se convierte en membrete que sucumbe ante la discrecionalidad. Ya es hora de meter orden en siglas y siglas sindicales que asumen ser ínsulas de impunidad y desafío a la ley.
Por lo pronto, luego de la trágica desaparición física del dirigente de Confederación Joven ya mencionado, hubo quienes sin recato alguno se montaron sobre su organización. Era de esperarse. Pero querer convertirse en un instrumento que opere fuera de la ley, ése es otro boleto. Bueno, al menos que el mismo gobierno lo permita. Por lo cual tendremos otro monstruo de chantaje y presión que le haga competencia al Cártel 22. (JPA)

