Reformar la reforma

Alberto Benítez Tiburcio Las reformas constitucionales no suelen tener segundas oportunidades. Cuando tocan el diseño del poder, dejan cicatrices duraderas. La reforma judicial no fue la excepción. Modificó las reglas del juego con profundidad al implementar un ejercicio democrático que, desde el inicio, estuvo bajo escrutinio general, pues tocó uno de los nervios centrales del constitucionalismo: la necesidad de contar con mecanismos que equilibren al poder político. Conviene precisarlo: la reforma judicial no fracasó; simplemente no entregó del todo la certeza jurídica que prometía. Generó legitimidad de origen, pero, al…

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