El comentario de hoy, jueves 3 de septiembre 2026
El pasado lunes dio inicio, de manera oficial, el ciclo escolar 2026-2027. Como ya es común en la dirigencia del llamado Cártel 22, se salieron por la tangente con un calendario alternativo, cuyo inicio de cursos sería el 24 de agosto. Es decir, una semana antes del calendario oficial y que, según medios y plataformas digitales, fue un fiasco.
Como dicen en mi pueblo natal, éstos son alrevesados. Esto es: cuando tienen que trabajar y cumplir con los programas y planes escolares, suspenden clases por paros, marchas o conmemoraciones de su propio calendario de víctimas. Y cuando de manera oficial no son días de actividades, entonces convocan a sus bases a trabajar.
Y es que todo para este segmento privilegiado de la clase trabajadora, es resabio del neoliberalismo. Lo único que no está catalogado como tal es sacarle dinero y plazas docientes a manos llenas al gobiernofederal. Al menos ése fue el corolario de los disturbios que armaron en la Ciudad de México en el mes de junio, con la amenaza de boicotear el Mundial de Fútbol.
El pasado 13 de agosto, como estaba previsto, la dirigencia de la Sección 22 fue recibida por la presidenta Claudia Sheinbaum, luego de que la dirigente seccional, Yenny Aracely Pérez Martínez, la hubiera abordado en su gira por Oaxaca. Hay que decir que dicho encuentro no fue fortuito. Habría sido arreglado por funcionarios del gobierno estatal.
El pueblo de Oaxaca espera que, con la atención recibida y las prebendas entregadas por la presidenta, ahora sí el magisterio afiliado a dicha sección cumpla a carta cabal con su tarea docente. Aunque como sabemos por lo ocurrido a lo largo de más de 40 años, acuden con la avidez del indigente sólo a pedir, no a comprometer nada.
Porque como ninguna entidad del país, el rezago educativo que arrastra la educación pública oaxaqueña, requiere de la participación del magisterio. Que se hagan a un lado las fijaciones ideológicas o el fanatismo tan común que se escucha en las consignas de maestros y de normalistas. La tarea requiere algo más que vocación y responsabilidad.
Ya es tiempo de dejar atrás actitudes sectarias y convenencieras. La educación no es un privilegio sino un derecho de todos los oaxaqueños. Pero, sobre todo, una corresponsabilidad de maestros, alumnos y padres de familia. El compromiso docente no está en aulas cerradas y en las sobadas consignas callejeras.
Ya los recibió la máxima autoridad del país; ya les entregó plazas, recursos y más prebendas. Ahora a cumplir cual es su responsabilidad. No más gritos y sombrerazos para demandar más privilegios. Deben asumirse como trabajadores no vedettes del servicio público. (JPA)

