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El comentario de hoy, jueves 28 de mayo 2026

La ciudad capital, como hemos comentado en otras ocasiones, no obstante, las obras de relumbrón en curso y otras, que sólo sirvieron de factor publicitario, como el fracasado Centro de Servicios Vecinales, muestra síntomas del abandono y la abulia oficial. Por sí mismo, el gobierno municipal parece incapaz de emprender tareas cifradas en la demanda ciudadana. El bacheo, la modernización del transporte urbano o la iluminación de calles y avenidas, han sido con fondos federales o con la intervención del gobierno estatal.

Uno de los rubros que parecen ser ignorados, es la deforestación constante que padece la capital. Cientos de palmeras que durante décadas embellecieron camellones y boulevares, han sucumbido por plagas. Y las que aún existen, están en pie por una cuestión meramente providencial. La misma suerte han corrido frondosas jacarandas, higos y laureles. Si bien ello viene de atrás, en los últimos días pueden observarse especies derribadas a la vista de todos.

Las lluvias y los vientos que las acompañan han hecho su labor en la flora urbana. Decenas de árboles en distintos puntos de la ciudad han sucumbido sin que hayan sido sustituidos. Ahí está nuestro emblemático zócalo. Al paso que vamos pronto veremos en dicho espacio un erial inanimado y desértico. Las jardineras sólo reciben atención cuando hay mayor afluencia de turismo. Cuando no, sirven de mingitorio o WC de los grupos que protestan o de personas en situación de calle.

No se percibe pues un sano interés en salvaguardar lo que queda de ese pulmón natural, que es la flora urbana. Se menciona la existencia de árboles históricos. Pero nada se dice si existe algún plan municipal para su conservación y protección de plagas y otros males. Menos de planes de reforestación seria, más allá de los famosos tequios con los que abrió el actual gobierno local, que sólo sirvieron o han servido para la selfie o la promoción política.

Si en el tema del arbolado se sigue ignorando su constante deterioro y pérdida, qué podemos esperar de la contaminación que fustiga a ríos y afluentes. El caso más emblemático es el Río Atoyac, de cuyo caso se han ganado amparos para exigir a las autoridades intervenir a fin de evitar que siga convirtiéndose en estercolero, pero éstas se han encogido de hombros. O hay que ver el fiasco del sistema de semáforos.

Estamos llegando a la mitad de la gestión del actual gobierno municipal, se habla ya de reelección, pero tal parece que los discursos y las promesas; las buenas intenciones que se exponen en ceremonias y conmemoraciones, siguen como una ominosa carga demagógica. La ciudad, nuestro orgulloso Patrimonio Cultural de la Humanidad, continúa arrastrando abandono y apatía. (JPA)

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