El comentario de hoy, jueves 21 de mayo 2026
Pocas cosas en el México actual han concitado la reprobación general, como fue la idea absurda de adelantar el fin del ciclo escolar, por el calor o por el fútbol. Dicha situación puso al titular de la Secretaría de Educación Pública, Mario Delgado Carrillo, en el eje de la crítica y la descalificación. Por fortuna, se dio marcha atrás. Finalmente, el referido ciclo escolar concluye el 15 de julio. Es decir, sin cambio alguno.
Uno de sectores que más se indignó con el criticado fin de cursos el 5 de junio fue el llamado Cártel 22, a través de su dirigente seccional Yenny Aracely Pérez Martínez. Pero no por el daño a la educación que imparte el Estado o las afectaciones a los educandos del país. No. Eso nunca les ha interesado. La inconformidad era, porque de adelantarse el fin de ciclo escolar, echaría por tierra su amenaza de huelga.
Por ello, contraviniendo el acuerdo de la Asamblea Nacional Representativa de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación -la CNTE-, de emplazar a huelga el 1º de junio, el llamado Cártel 22 se propuso adelantarlo el 25 de mayo. Detrás de su acartonada demanda de echar abajo la Nueva Escuela Mexicana o la Ley del ISSSTE de 2007, está conservar sus privilegios y sus descabelladas exigencias.
No es un secreto que la CNTE no es, ni mucho menos, el magisterio nacional, sino sólo un segmento, con presencia en si acaso, 5 o 6 entidades. Si bien no deja de ser una amenaza, persisten con la bandera de boicotear el Mundial de Fútbol, en una de sus sedes: la ciudad de México. Nada ha mencionado el Cártel 22, de los más de 17 mil millones de pesos que, según el titular de la SEP, ha canalizado el gobierno federal a Oaxaca.
Y es cierto. Todos los arreglos con el Instituto Estatal de Educación Pública -IEEPO- son en lo oscurito o debajo de la mesa. La transparencia y la rendición de cuentas de plano no se les da. Más allá de su cacareado Plan por la Transformación de la Educación -el famoso PTEO-, descalificado por expertos hace al menos 10 años, bien haría el magisterio en hacer una propuesta para abatir el rezago educativo que arrastra Oaxaca.
Hace tal vez un mes, de nueva cuenta, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico –la OCDE- mostró resultados en torno al atraso que arrastra el país en materias básicas como la lecto-escritura y matemáticas. Pero eso, lamentablemente, no ocurrirá. Es una utopía. Las demandas de mejoras salariales, privilegios y prebendas, son compulsivas.
Es un sector de la clase trabajadora, lo hemos dicho, conflictivo y perpetuamente insatisfecho. Difícilmente aparecerá en sus sobados pliegos de peticiones anuales, un compromiso tácito con la mejora de la calidad de la educación. (JPA)

