El comentario de hoy, jueves 25 de junio 2026
Si bien las relaciones México-Estados Unidos no son las idóneas en los últimos tiempos, sin embargo, todo indica que, en el entorno del Tratado Comercial, llamado T-MEC, parecen ir viento en popa. Nada tan necesario para México que renovar dicho acuerdo con nuestros vecinos. Hay obstáculos que, con certeza, se irán solventando en los próximos meses. Algunos de ellos son la seguridad y la certidumbre jurídica para las inversiones.
No obstante, hay un capítulo que no deja de ser preocupante. Y es el que se refiere a las confederaciones y sindicatos que lucran con contratos y obligan a los empresarios a admitir condiciones leoninas. Y es que, en Oaxaca, durante los últimos años, dichas agrupaciones presuntamente para defender los derechos de los trabajadores, han mutado a verdaderas mafias criminales.
Durante las dos últimas décadas han proliferado membretes, al igual que la violencia y muerte en las calles, derivados de disputas y ajustes de cuentas entre las mismas. De las desaparecidas a las existentes hasta hoy, nada ha cambiado. Hablar de las etiquetadas en el transporte hasta las que medran con diversos rubros laborales, es afirmar que llevan el mismo estigma: el enriquecimiento ilícito y hasta escandaloso de sus dirigentes y el despliegue de métodos fuera de la ley.
El directorio es abundante: lo que queda de la CTM, la Confederación Internacional de Trabajadores (CIT), la de Trabajadores y Empleados de México (CATEM), “Libertad”, Confederación Joven de México, hasta la Alianza de Sindicatos y Asociaciones del Estado de Oaxaca -ASAEO- de nueva manufactura gansteril.
A lo largo de esa veintena de años, hemos documentado nombres, liderazgos, hechos de violencia, complicidad con actores políticos, gobiernos y crímenes. Familias completas han sucumbido. En los dos primeros años del gobierno de Alejandro Murat, entre 2017 y 2018, por ejemplo, bares y prostíbulos de una decena de municipios conurbados no pagaban impuestos a la autoridad. Pagaban cuotas de protección a cobradores y operadores de sindicatos y confederaciones.
Tracto-camiones con mercancías de diversas empresas tenían que cubrir una cuota por entrar a territorio oaxaqueño o, en su defecto, contratar los servicios de unidades ligadas al referido sindicato. Hoy, se han reiventado. ASAEO ya impuso calcas a volteos, taxis, mototaxis y está obligando a comerciantes establecidos y de los tianguis a pagar una especie de derecho de piso, a cambio de protección. Además, han presionado a empresarios a contratar sus servicios, como única opción.
Mientras ello ocurre, tal parece que los funcionarios responsables de garantizar la paz social y la gobernabilidad se encogen de hombros. La connivencia y la complicidad de ciertos operadores políticos son evidentes. Y el avasallamiento del referido sindicato en diversos sectores, advierte no tener límite. (JPA)

