Opinión Portada 

El comentario de hoy, jueves 6 de agosto 2026

Ante la falta de regulación y pese al fin de las fiestas de julio, los habitantes de la zona norte de la capital siguen viviendo un infierno, ante la proliferación de calendas. En efecto, amén de las graduaciones escolares, festejos patronales o simple ocurrencia de los organizadores, las afectaciones al comercio, al tránsito vehicular y a la paz social de miles de ciudadanos, dichos eventos se han convertido en una molestia.

Ya pasó el colapso a la circulación ante la hoy llamada “calenda de las culturas” y los convites de la temporada. Eso no ha inhibido que, cualquier hijo de vecino que quiere destacar determinado evento, organice a familiares, compañeros de escuela o trabajo; contrate bandas de música, marmotas, monos de calenda y armados con docenas de cuetes, cerveza o mezcal, ya la arman.

¿Qué son parte de nuestra tradición e identidad? Eso nadie lo niega, pero que ello se ha choteado y acorrientado también lo es. Y eso es lo que menos importa, pues han devenido verdaderas bacanales, que nada tienen de ancestral. Hace unos meses, para celebrar un evento del Sindicato de Burócratas del gobierno estatal, el contingente fue tan numeroso que colapsó la vialidad por más de 6 horas.

Camionetas cargadas de cerveza y botellas de mezcal y una veintena de bandas de música, convirtieron a la ciudad en un gigantesco estacionamiento. Y ninguna autoridad asumió la responsabilidad de las afectaciones ciudadanas.

En fechas recientes, estudiantes de las Facultades de Medicina y Odontología, hacen sus calendas en sentido contrario: Salen de Santo Domingo y concluyen en la Fuente de las Ocho Regiones. Los daños al libre tránsito no cambian nada.

Igual que las constantes marchas de normalistas, maestros, organizaciones sociales y feministas, sobre la Calzada Porfirio Díaz. La estela de pintas en fachadas, negocios y bancos, son sólo un pilón de esta constante afrenta a la ciudadanía.

La pregunta es: ¿y por qué tienen que ser las mismas calles y avenidas y afectar sólo una zona de la ciudad y a los mismos habitantes? La capital tiene muchos espacios más por donde pueden transitar las calendas, convites y demás. La Calzada Madero, el Periférico, de las inmediaciones de la Central de Abasto hacia el Centro Histórico, la avenida Independencia y otras.

Pero eso sólo se podrá considerar, seguramente, cuando las autoridades responsables de regular este tipo de eventos, elaboren las normas o reglamentos necesarios. Ya se han dado hechos de violencia, amenazas a transeúntes y transportistas, por parte de aquellos despistados que argumentan que las calles son de todos.

Obstaculizar la vía pública en una capital perpetuamente acosada por bloqueos y manifestaciones, es una afrenta adicional a la ciudadanía. Los vecinos que también pagamos impuestos y tenemos derechos y obligaciones, exigimos nuestro derecho a vivir en paz. (JPA)

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