El comentario de hoy, martes 4 de agosto 2026
Una vez transcurrida la llamada fiesta máxima, La Guelaguetza, nuestra entidad volvió a su estado natural: protestas, conflicto y polarización política. El jolgorio de julio tuvo su fase negra. Y fue el cobarde asesinato de nuestro compañero y amigo, Alejandro Leyva. Una voz crítica, frontal y sistemática en contra del actual régimen.
Estamos a casi dos semanas de haberse perpetrado el crimen; de denuncias de organismos internacionales y nacionales, gubernamentales y no gubernamentales; de organismos civiles; de líderes de opinión y haberse convertido en un tema preocupante de la narrativa política. Este atentado se perfiló como un ataque a la libertad de expresión y método infame para silenciar la verdad.
Sin embargo, más allá de la exigencia de justicia, del pronto esclarecimiento y castigo a los responsables, hay una lección irrebatible que nos deja a todos quienes participamos de este oficio. El periodismo no es una patente de corso, sino un ejercicio de responsabilidad y compromiso con la verdad y con la sociedad a quien servimos. Conlleva códigos de ética y vocación de servicio. Pero es, ante todo y más en México, un trabajo de altísimo riesgo.
Para muchos noveles que recién incursionan en el oficio; de influencers que apenas han transitado de la plataforma digital a la columna política o de las redes y tik tok, a la crítica, hay que recordarles que este es un oficio de valor y de convicción, no labor de timoratos y pusilánimes. García Márquez lo retrató con una frase demoledora: “el periodismo puede ser la más noble de las profesiones o el más vil de los oficios”.
Y es que, aprovechando el sacrificio del autor de “El Zumbido del Moscardón”, hay quienes lo han convertido en circo de peticiones, concesiones e intereses personales; en instrumento de canibalismo mediático y en confesionario de victimización, para asumirse perseguidos o amenazados. No son pocos quienes hoy se rasgan las vestiduras exigiendo medidas cautelares.
El oportunismo prevalece en nuestro Congreso local, en donde diputados y diputadas de diversos partidos, elevaron la voz para proponer iniciativas y leyes que salvaguarden el ejercicio periodístico. O el de algunos operadores políticos que ya ven en este crimen deleznable, una rentabilidad político electoral.
Por respeto a la memoria de nuestro compañero asesinado; por respeto a su familia y al legado de valor que dejó entre nosotros, el mejor homenaje es mantener un gremio unido y asumir este oficio con firmeza y coraje; ni psicosis, ni miedo o melodramas. Y exigir a la Fiscalía General de la República, el pronto esclarecimiento de los hechos para que los responsables paguen. (JPA)

