Crisis democrática: El Salvador y Nicaragua
Alberto Benítez Tiburcio La democracia pierde legitimidad cuando no produce empleos, seguridad, movilidad social ni expectativas razonables de futuro. Se deteriora cuando el origen social y el color de piel pesan más que el talento y la promesa meritocrática parece una mala broma. Si a eso se suman corrupción, impunidad y élites incapaces de escuchar, el voto deja de expresar confianza y se convierte en instrumento de castigo. El populismo no inventa esos agravios: los reconoce, organiza y transforma en energía política. Puede hacerlo desde la izquierda o la derecha,…
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