El comentario de hoy, martes 7 de julio 2026
Estamos a inicios de julio. El mes dedicado a nuestras fiestas tradicionales. De la Guelaguetza, la Feria del Mezcal, de las muestras gastronómicas, del colorido y el folklore. También de las calendas, convites, desfile de delegaciones y todo ese barullo en que devino, para frustración de costumbristas y nostálgicos, lo que en 1932 fue llamado Homenaje Racial y hasta los años ochenta del Siglo XX, los “Lunes del Cerro”.
Se esperan miles de visitantes, tal vez menos que años anteriores, desde que somos un destino cultural de paso luego de la apertura de la carretera Barranca Larga-Ventanilla, acceso a Puerto Escondido. Pese a ello, la Secretaría de Turismo echará las campanas al vuelo con la derrama económica y la ocupación hotelera.
Un reto para decenas de funcionarios que estarán en “modo Guelaguetza”, aunque urgidos más en balconearse en su propósito de cuajar alguna candidatura para el proceso electoral de 2027. Sin embargo, no por ser aguafiestas en esta tierra “orgullosa de sus raíces”, como reza el eslogan oficial, también en esta temporada se dan abusos, robos, cristalazos, malos servicios, cobros excesivos, fraudes y reventa de boletos.
Asimismo, actos de discriminación en restaurantes llamados de “cocina de autor”, que asumen ser las catedrales de la gastronomía y distinguidos por la “Guía Michelin”. Y no sólo en la capital, sino en donde dicen se disfruta comida prehispánica, con sazón europeo, como Zaachila o Teotitlán del Valle.
El turismo nacional y extranjero se encontrará un Centro Histórico con mercados y calles presuntamente peatonales, llenas de escombro, con obras a medias. Un sistema de semáforos colapsado en varios cruceros; una corporación policíaca municipal abusiva, a la que ni se les ocurra tomarle fotos, salvo que quieran que los pasen a la báscula, les den tambo y todavía los obliguen a pagar multa.
Aparte, claro, de los baches, mal estado de calles y avenidas y congestionamiento vial. La divisa, seguramente habrá excepciones, es sacarle al visitante el mayor provecho económico posible. Y la dependencia responsable, hincarle el diente al erario lo más que se pueda.
Pero no existe, al menos hasta hoy, una verdadera vocación de atención al turista, que coadyuve a salvaguardar esa gallina de los huevos de oro, de la que viven miles de oaxaqueños. Los abusos y malos servicios nunca tienen sanciones. El visitante afectado se va con un mal sabor de boca que jura no volver nunca.
Maestros y maestras del llamado Cártel 22 estarán -¡otra vez!- de vacaciones, por fortuna, pero andarán por aquí quienes toman cursos de verano en la Normal Superior Federal, que no niegan la cruz de su parroquia: estudian dos o tres semanas; el resto para bloquear o hacer borlote. (JPA)

