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El comentario de hoy, jueves 23 de julio 2026

El gobierno de la Primavera Oaxaqueña está a poco de cumplir su cuarto año de gestión. Sin embargo, hay resabios del pasado régimen que no se terminan de resolver o se sigue pateando el bote sin llegar a una solución definitiva. Es el caso del Teatro “Álvaro Carrillo”, que luce en completo abandono sin que la ciudadanía sepa el estatus legal que guarda hoy en día o si, definitivamente, el pueblo oaxaqueño ha perdido este espacio cultural.

Si bien el teatro referido fue entregado a los oaxaqueños por el ex gobernador Alejandro Murat, en noviembre de 2022, sin haberse concluido del todo, al igual que otras obras a medias, pero subvencionadas con recursos públicos, desde esa fecha hasta hoy hay un total hermetismo respecto al destino del citado espacio cultural.

Se dijo que la empresa constructora se negaba a entregar la obra; se responsabilizó a funcionarios de la desaparecida SINFRA, consignados penalmente y se inició un prolongado litigio. La cuestión es que, a casi cuatro años del inicio de este gobierno seguimos en las mismas. Y lo peor, en absoluta opacidad.

Lo único que se alcanza a ver es un elefante blanco, que costó más de 500 millones de pesos, lleno de maleza e inservible. ¿Será que terminará el actual sexenio sin que se haya restituido a su legítimo propietario: el pueblo oaxaqueño? Como se ven las cosas, es posible. Y es que nos hemos acostumbrado tanto a ver esa mole de concreto, sin funciones, que tal parece que se quedará para la posteridad con un mamotreto inútil.

Así como éste, hay decenas de obras que costaron muchos millones de pesos pero que jamás cumplieron su cometido. Es cuestión de recordar los paraderos turísticos que se construyeron en el sexenio del ex gobernador Ulises Ruiz. Hay uno en Yanhuitlán, por ejemplo.

O el mismo Centro Gastronómico, hoy a cargo de la Universidad Tecnológica de los Valles Centrales, del que hasta se perforó o demolió parte de una barda histórica junto al Templo del Carmen Alto y sólo es útil en esta temporada.

El Teatro Juárez, en cuyo espacio funciona hoy en día la Secretaría de Turismo, es otro caso. Ya no cumple su utilidad como tal. Esto es: hemos perdido paulatinamente foros de recreación y sano esparcimiento sin que se perciba voluntad política para restituirlos a la sociedad.

Se habla también del rescate de predios, como el caso del sitio donde funcionaba el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca -MACO- que durante décadas mantuvo en comodato una asociación civil. Pero otros más siguen a la espera de mejores tiempos. (JPA)

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