El comentario de hoy, martes 1º. de septiembre 2026
El pasado jueves 27 de agosto, por la madrugada, y como resultado de un trabajo de inteligencia criminal y operativa, la Fiscalía General del Estado de Oaxaca, en coordinación con la Secretaría de Marina y la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana Federal, así como de otros órganos del Gabinete de Seguridad, ejecutó 21 cateos simultáneos en diferentes puntos de la zona metropolitana de la capital.
Se trató de un operativo inédito en el que participaron más de 300 elementos de las corporaciones federales y estatales. Algo nunca visto en Oaxaca. Gracias a ello se logró la detención de líderes de la organización y objetivos prioritarios de la Alianza de Sindicatos y Asociaciones del Estado de Oaxaca (ASAEO), además del aseguramiento de armas en los inmuebles intervenidos.
La citada organización apareció en escena pocos días después del asesinato del dirigente de la Confederación Joven de México, Iván Tomás Luis Villaseca, el 16 de abril pasado. Desde su nacimiento, ASAEO se convirtió en una pesadilla para transportistas, empresarios, prestadores de servicios turísticos, locatarios, tianguistas y hasta de humildes tortilleras. El cobro de piso, extorsión, homicidio doloso, narcomenudeo y despojo, eran eje en su estructura criminal.
Las quejas y denuncias eran el pan de todos los días. Y llegaron hasta la misma presidenta de México. Sin embargo, pese a sus operaciones ilícitas los verdaderos cabecillas se asumían intocables, impunes, gracias al contubernio con actores políticos y con ligas criminales que se han ido ventilando en los últimos días.
Si bien se trató de un operativo aparatoso y con amplia cobertura mediática, hay indicios de que los verdaderos capos gozan de cabal salud. Notas y columnas periodísticas advierten que la extorsión y las operaciones ilícitas siguen tal cual. La ley selectiva, tan común en estos tiempos se aplica con rigor. El traslado de los detenidos a la Ciudad de México, para ser juzgados por órganos federales, es parte de la trama.
La pregunta es: ¿por qué se permitió que dicha organización creciera y se convirtiera en un cáncer para la gobernabilidad, la paz social y la seguridad de los oaxaqueños? Desde hace tiempo que los sindicatos mutaron de defender los derechos laborales de sus miembros en gavillas de delincuentes; grupos de choque; enclaves de grupos delictivos y entes de movilización político-electoral.
Hasta el momento sólo hemos visto los avances de esta película. Ya veremos en qué medida el operativo citado es, en verdad, una limpieza quirúrgica de malandros o, sólo una comedia que deje más cabos sueltos que seguridad para los oaxaqueños. (JPA)

