El comentario de hoy, jueves 17 de septiembre:
Reformas educativas han ido y venido. Pero, ni con la Nueva Escuela Mexicana de Andrés López Obrador ni con la Escuela es Nuestra del actual régimen se han podido superar los estándares del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes –conocido como PISA- que promueve la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico –la OCDE-.
Dicha prueba se aplica cada tres años en diversos países, en estudiantes de 15 años de edad. No mide la memorización de datos, sino la capacidad de los alumnos para aplicar sus conocimientos y resolver problemas de la vida real, en ciertas áreas como matemáticas, ciencias básicas y lectoescritura. Los resultados de la prueba en 2025, que apenas fueron presentados de manera oficial el pasado 8 de septiembre, no son nada satisfactorios para México.
Los datos que consultamos con las herramientas actuales, como la Inteligencia Artificial, revelan que nuestros estudiantes retrocedieron en matemáticas y lectura, situando al país de forma generalizada por debajo del promedio internacional. México se posicionó en el lugar 64 de los 91 países y economías evaluados en este ciclo.
Nuestro país refleja un rezago educativo frente a los países de la OCDE, que equivale a un desfase de entre 2.5 y 3.7 años de escolaridad formal. Hay, asimismo, un bajo nivel de competencia, pues cuatro de cada diez estudiantes mexicanos se ubicaron por debajo del nivel básico de aprendizaje en las tres materias principales.
Sólo el 0.5% de los alumnos de México alcanzó niveles de excelencia o desempeño sobresaliente en alguna de las disciplinas, además de que, existe un evidente impacto digital, pues el 47% de los estudiantes reportó usar herramientas de Inteligencia Artificial semanalmente, para tareas, aunque se observaron mayores niveles de distracción por teléfonos celulares en el aula.
Si bien, el gobierno federal quiso escurrirle al bulto al afirmar que varios países mostraron baja en las calificaciones, lo cierto es que, más allá de repartir culpas o señalar que el atraso se arrastra desde los gobiernos neoliberales, la educación pública sigue siendo un capítulo relegado en la agenda pendiente del Estado Mexicano.
No se trata sólo de entregar carretadas de dinero para paliar la protesta del magisterio disidente aglutinado en la CNTE, que no sabe de compromisos ni pactos de civilidad, sino de obligar a éste a cumplir estrictamente con su tarea docente. En efecto, es sólo un factor para abatir el rezago educativo.
Sin embargo, hay más elementos, como atender la etapa formativa de los futuros mentores, nos referimos a las escuelas normales, sumergidas en la política y la ideología, que apunten a otorgar condiciones estrictas para un proceso de formación en la enseñanza-aprendizaje, acorde a los tiempos en que vivimos. (JPA)

