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El comentario de hoy, jueves 20 de agosto 2026

En nuestra Alma Mater, la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca –la UABJO- se viven tiempos de fiesta. En efecto, este 26 de agosto se celebran los 200 años del nacimiento del Instituto de Ciencias y Artes del Estado. Tal como lo anunció el rector Farid Acevedo la semana pasada, habrá un calendario de actividades culturales, artísticas, deportivas y, sin duda alguna, sesiones solemnes tanto en el Cabildo Municipal como en el Congreso del Estado y el Consejo Universitario.

El Instituto, transformado hace poco más de medio siglo en Universidad, fue desde sus orígenes un espacio de libertad y conocimiento. Si bien con resabios religiosos, en su momento desempeñó un papel político e ideológico fundamental para la formación de la élite liberal de esos años. Fue baluarte de la democracia y el federalismo. Ahí abrevaron grandes oaxaqueños que brillaron en el Siglo XIX, particularmente la Generación del 57, como Benito Juárez, Porfirio Díaz, Manuel Ruiz, Matías Romero e Ignacio Mariscal.

Según historiadores oaxaqueños en el decreto que dio origen a nuestro Instituto, se establecía el rigor y la responsabilidad en la docencia y el aprendizaje. En el capitulo primero, el mensaje era irrebatible: “la enseñanza diaria, sin más interrupción que la de los días festivos, religiosos y nacionales”. Las cátedras iniciales incluían los idiomas inglés y francés, porque nació con un espíritu rico en ideas de las que abrevaron sus alumnos.

Con el paso de los años, aquellos íconos del pensamiento europeo como Rousseau, Montesquieu, Thomas Jefferson o Jeremy Bentham, fueron abriendo paso a nuevas ideas, prohijando generaciones de profesionistas oaxaqueños en áreas tan diversas como medicina, jurisprudencia y filosofía; la enfermería o las ciencias químicas, incluso en otras como farmacia, taquimecanografía o contabilidad.

A dos siglos de haberse fundado, nuestro centro educativo más icónico y representativo de educación profesional, ha padecido mutaciones, crisis y conflictos que han trastocado su espíritu original. Para muchos, es tiempo de que nuestra UABJO recupere el espíritu del Instituto y se privilegie por encima de todo la docencia, la investigación y la vinculación con la sociedad.

Que esta celebración permita hacer una reflexión a directivos, maestros, alumnos y trabajadores y contribuya a recuperar los valores universitarios. Que conlleve a acabar con los vicios y cacicazgos que tanto la han dañado; que exista voluntad política para erradicar los males y reemprender el camino del arte, la ciencia y la libertad. Y que, como cada nueva administración, brille la esperanza de un futuro más promisorio para la comunidad universitaria. (JPA)

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