El comentario de hoy, jueves 16 de abril 2026
En el universo multiétnico y pluricultural que nos hace una entidad única, hay también paradojas y contradicciones. Aquí proliferan comunidades, grupos y organizaciones cuya meta –dicen- es proteger el entorno ambiental. Los hay anti-minas, que arremeten en contra de la explotación de fundos mineros, bajo la premisa de que contaminan agua y suelos. Otros, que dicen defender la tierra y el territorio, pero sucumben ante el primer cañonazo de billetes y viven como virreyes.
La enseñanza de comunidades forestales que protegen y explotan racionalmente sus bosques, hasta grupos civiles que salvaguardan de la muerte a especies marinas, mascotas o en vías de extinción, contrasta con la abulia de ediles y comisariados ejidales, que amparados en sus abusos y costumbres, dejan hacer y dejan pasar. Eso ocurre, seguramente, en nuestro emblemático venero de agua potable que, históricamente surte a parte de la capital oaxaqueña.
El pasado 5 de abril, en San Agustín, Etla, se desató un brutal incendio que movilizó al Heroico Cuerpo de Bomberos, organismos de socorro y despertó la solidaridad de comunidades vecinas. Se descubrió que el siniestro ocurrió en un tiradero clandestino, ubicado ahí, a cielo abierto, en una de las comunidades que, además de su vocación forestal e hídrica, es un referente cultural en Oaxaca y México.
En efecto, en dicha comunidad, la labor altruista del maestro Francisco Toledo, fundó el llamado Centro Cultural de las Artes de San Agustín –CASA-. En el antiguo casco de lo que fue una empresa textil, nació un crisol en donde se ha fundido con una gran armonía, el pensamiento y la creatividad, en la convivencia de la naturaleza y el espíritu de nuestras raíces más profundas.
Por ello, una treintena de artistas, ambientalistas, escritores y periodistas levantaron la voz, con un mensaje que apela a la nostalgia, pero más a la rebeldía que caracterizó al maestro juchiteco: ¿Qué hubiera hecho Toledo ante este escenario de abulia e impunidad; negligencia y evidente complicidad oficial? ¿Dónde quedó esa defensa comunitaria de bosques y aguas, justificando la polución que generan los desechos?
Un siniestro que pudo haber devastado casas, bosques y hasta cobrar vidas, puso al descubierto la existencia de un basurero, extrañamente en funciones por la ceguera de dependencias federales y estatales que dicen sancionar los daños al medio ambiente. ¿Que es propiedad privada? Es posible. Pero existen leyes que protegen no sólo a la sociedad sino el entorno ambiental. Y ésas no pueden ser violadentadas sin atenerse a las consecuencias. (JPA)

