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El comentario de hoy, martes 15 de septiembre:

Hoy se llevará a cabo una de las celebraciones más importantes del calendario cívico de México: la ceremonia del Grito de Independencia. Se celebran 216 años de aquella noche que registra nuestra historia nacional, como el acto que dio inicio a la Revolución de Independencia, con las arengas que pronunciara el cura de Dolores, don Miguel Hidalgo y Costilla, el 15 de septiembre de 1810.

En 1951, el gran Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz, escribió una de sus obras más emblemáticas: El laberinto de la soledad, en donde analiza, con profundo espíritu crítico, el carácter del mexicano. Nuestra inclinación a la fiesta, como catarsis colectiva; como válvula de escape al perfil sumiso, conformista, pero de arrebatos violentos que nos caracterizan.

Hoy recordamos uno de los párrafos más icónicos que se refieren al festejo patrio citado: “Cada año, el 15 de septiembre a las once de la noche –decía Paz- en todas las plazas de México celebramos la fiesta del Grito; y una multitud enardecida efectivamente grita por espacio de una hora, quizá para callar mejor el resto del año.”

Diecisiete años antes, en 1934, el filósofo Samuel Ramos escribió una obra legendaria: El perfil del hombre y la cultura en México. Fue pionero en analizar al mexicano marcado por la inseguridad interna que busca compensar con actitudes vanidosas o comportamientos de exaltación y violencia. Con ellas busca enmascarar su vulnerabilidad y la realidad cotidiana.

Pero, ¿a qué viene esta reflexión justo cuando estamos celebrando nuestra independencia nacional? A la violencia imparable que vive México, de la que no estamos a salvo en Oaxaca. A la falta de la enseñanza del civismo y culto a nuestros símbolos patrios y a la exigencia, en la conciencia colectiva en el pueblo bueno y sabio, del deseo de construir un país que viva con civilidad, seguridad y confianza.

No es el soterrado discurso de la defensa de la soberanía que, hasta el hartazgo, se ha mencionado en los discursos oficiales. Esa se perdió hace mucho, cuando el poder público abdicó de su responsabilidad de garantizar la vida y el patrimonio de los mexicanos, para rendirse ante los grupos criminales. “¿Hasta cuándo esta Patria nuestra volverá a ser la de todos?”, se preguntaba hace casi dos milenios, el historiador romano Cornelio Tácito.

Estamos ya en el proceso electoral 2026/2027, que apenas arrancó el pasado 7 de septiembre. Al día siguiente asomó el fantasma de la violencia política en una comunidad de Matías Romero. De nueva cuenta lo que se perfilaba como un proceso cívico y de tolerancia; competitivo y democrático, ya se manchó de sangre. No se equivocaron pues, Octavio Paz y Samuel Ramos en definir la violencia como algo consustancial a nuestra propia naturaleza. (JPA)

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