Opinión Portada 

El comentario de hoy, martes 3 de noviembre:

Durante las dos últimas semanas de octubre, medios impresos, como los diarios Reforma y El Universal, columnistas y plataformas digitales, develaron la podredumbre incubada en el Instituto Nacional Electoral (INE). Desde la llegada en 2023 de Guadalupe Taddei Zavala, como presidenta del árbitro electoral, que sustituyó al Instituto Federal Electoral –IFE-, y se convirtió en INE, en 2014, perdió su esencia ciudadana e independencia.

Hoy el INE está sumergido en una de las crisis más escandalosas de que se tenga memoria. Llevada de la mano por el gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, apoyada por el ex presidente López Obrador y coludida con quien fuera presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputadas, el diputado sonorense, Sergio Gutiérrez Luna, Taddei fue resultado del infame método de la tómbola.

Rompió con el estigma de independencia, al convertirse en una incondicional del partido en el poder: Morena. En 2024, su sumisión fue premiada con una reforma que le dio poderes meta constitucionales, al otorgarle la facultad de designar a directores y jefes de unidad en la estructura del INE, que antes era atributo del Consejo General. Convirtió al órgano autónomo en una caricatura, en donde permeó la ignorancia, la corrupción, el nepotismo y la frivolidad.

El pasado 26 de octubre la aludida presentó su renuncia. Empinada –se dice- por su proveedor favorito y consentido, quien se llevó miles de millones de pesos en contratos arreglados, en sus 9 empresas. Algunas ellas –ha trascendido- bajo escrutinio legal. La misma presidenta Claudia Sheinbaum, exigió una investigación a fondo. La Unidad de Inteligencia Financiera –la UIF- ya tenía la pista de las irregularidades y la Auditoría Superior de la Federación, ha hecho su parte.

En el abominable tráfico de influencias, conflictos de interés, favoritismo, anomalías administrativas y la triangulación de recursos, no están ausentes los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLES), como el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca –IEEPCO, en donde no cantan mal las rancheras. También debe ser motivo de investigación.

Si bien como lo ha anunciado la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados federal, habrá certeza en la designación de la nueva presidencia del INE y hay ya una encargada del despacho, la ciudadanía se pregunta: ¿el daño patrimonial, los cochupos y la pérdida de credibilidad del órgano que calificará las elecciones en 2027, quedarán resueltos con la renuncia de la señora Taddei o se le fincarán responsabilidades?

Por lo pronto, tanto la actual estructura del INE, construida con leyes hechas al vapor, el favoritismo y la corrupción, deben ser objeto de una limpia a fondo e investigar a los responsables. Los OPLES no deben estar ausentes de estas medidas. (JPA)

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