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El comentario de hoy, martes 18 de agosto 2026

Muchos nos preguntamos: en realidad, ¿qué pasa en Juchitán de Zaragoza, que cada día se asemeja más a la obra del fallecido y genial historiador michoacano, Luis González y González, “Un pueblo en vilo”, o mejor dicho, a la del escritor sonorense, Edmundo Valadés, en donde “La muerte tiene permiso”? Jóvenes, adultos, mujeres, líderes comunitarios, obreros y hasta menores de edad, son masacrados cada día en un interminable ajuste de cuentas.

Como resultado de los disturbios generados por la muerte de uno de los capos más sanguinarios, abatido en Jalisco el mes de febrero y los coletazos en territorio teco, con la quema de decenas de vehículos, se puso en marcha el operativo “Juchitán en Paz”. No obstante la presencia de fuerzas policiales estatales, de la Marina, el Ejército y la Guardia Nacional, las ejecuciones suman decenas.

Bandas locales y sus matrices criminales han convertido a esta ciudad istmeña en un matadero, en donde las víctimas son recogidas por sus familias y llevadas a sus casas en taxis, moto-taxis e incluso, en hombros. Sólo en los últimos días se han contabilizado más de diez homicidios dolosos. Personas incineradas dentro de sus moto-taxis o ejecutadas frente a sus familias.

La extorsión y el narcomenudeo; el cobro de piso y los homicidios están a tambor batiente. Sin embargo, cuando las fuerzas del Estado buscan aplicar la ley, con cateos en las guaridas criminales y aprehensión de sicarios, extorsionadores o cobradores de derecho de piso, ahí vienen los bloqueos carreteros. Los carniceros se asumen indefensas reses. Los victimarios devienen en inocentes víctimas.

La reciente movilización de la que el gobierno tuvo que doblar las manos, es una muestra fehaciente de la impunidad campante que prevalece en territorio teco. ¿En verdad se acreditaron excesos o violación a los derechos humanos por parte de los jenízaros o sólo fue una cortina de humo para que, quienes sí tenían causas para ser detenidos sigan delinquiendo?

Ahora la maña mueve a ciudadanos tecos para exigir con bloqueos, la salida de la Policía Estatal y así operar libremente. Lo que queda en entredicho es, si para hacer una limpia de tanta podredumbre, debe pasar por el rasero de capos, criminales y familias cómplices que, hasta hoy se lamen las heridas, pero se regodean en la violencia.

Hay que recordar que ley que no se aplica es pura ficción. Si existe un sector de la población que trabaja con decoro, con dignidad y se gana la vida con esfuerzo, su interés supremo debe prevalecer sobre aquellos que cebados en sangre caminan al filo de la ley. Para empezar, el gobierno debe ir por la regulación de miles de moto taxis y motocicletas que, como plaga, saturan calles y colonias.

Pero, en tanto no exista voluntad política, coordinación en los tres órdenes de gobierno en el interés genuino por llevar a los criminales a prisión, todo será no más que un circo, cuyo desenlace será ratificar a Juchitán como un burdo teatro sangriento. (JPA)

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