El comentario de hoy, jueves 30 de julio 2026
El pasado lunes cerró, como cada año, con el sentimiento de haber mostrado al mundo nuestra vasta riqueza cultural, la segunda emisión de La Guelaguetza, en sus dos presentaciones. Más allá de estadísticas de afluencia turística, derrama económica, rentabilidad y con la idea -falsa por supuesto- de que estamos por arriba de los estándares nacionales de turismo, hay temas que no pueden ignorarse, sino ponerlos sobre la mesa.
Al arribo de la Primavera Oaxaqueña, en lo personal, aplaudí la desaparición del llamado Comité de Autenticidad. Si se trataba de recuperar los valores perdidos o sesgados de nuestra tradición, una opción fue darles decisión a los comités comunitarios. Ello para corregir yerros o desvíos de los gobiernos llamados neoliberales, en torno a una de nuestras expresiones culturales más genuinas.
En el pasado mucho se dijo que, La Guelaguetza, tal como fue concebida en el Homenaje Racial en 1932 y aún en los Lunes del Cerro, hasta los años 70 del Siglo XX, debería entenderse como la expresión más genuina de nuestra tradición pluriétnica y multicultural. Recuerdo que, durante mucho tiempo, sólo había una sola expresión: la de los bailes interpretados por el Grupo Folklórico Universitario, en la Rotonda de la Azucena, que desde 1972-73, derivó en el Auditorio Guelaguetza.
Por alguna decisión gubernamental -reconozco con modestia que hay investigadores o oaxaqueños que conocen más que yo los entresijos de esta historia- se decidió que vinieran las delegaciones de cada región, más genuinas, más propias, más auténticas. Y el famoso comité recorría municipios y comunidades en busca de lo que suponían, más original. Escogían a unos, rechazaban a otros. Había protestas. Y en ese afán elegían las zapatillas, los látigos y las máscaras, en detrimento de los huaraches, los pies descalzos o los morrales, tenates u ollas de barro.
Pero, al parecer, nada ha cambiado. Siguen los bautizos, bodas o mayordomías. Extenuantes para auditorios a reventar. Paseo en andas al Santo Patrón. Más motivos españoles y europeos que indígenas. Sombreros de charro no de palma. Chaparreras más que calzones de manta; disfraces y máscaras que parecen más extraídos de la Guerra de las Galaxias, que de las fiestas patronales. Es cierto, son motivos de carnavales populares que ya se enquistaron en la conciencia colectiva de nuestras comunidades.
Tarea pues de los llamados comités comunitarios ponderar, qué llevar a nuestra Guelaguetza, antes de que nuestra fiesta folklórica más representativa e inédita en nuestra época contemporánea, se convierta en una vulgar caricatura o una mezcla variopinta que nada tiene de esa tradición multiétnica y pluricultural de la que nos sentimos tan orgullosos. (JPA)

