El comentario de hoy, martes 3 de febrero 2026
En estos tiempos llamados de transformación, uno de los rubros que más han sido cuestionados, es el de la justicia y su efecto colateral: la impunidad. Y es que tal parece que los elementos aportados por investigaciones periodísticas, por expertos en el tema y las evidencias físicas, respecto a las deficiencias del Tren Interoceánico, se fueron a la basura.
Ahora resulta que los responsables del accidente del 28 de diciembre, en donde fallecieron 14 personas, son el maquinista, el conductor y el despachador que, además, operaban sin licencia ferroviaria. Es el resultado de la sesuda investigación a la que llegó la Fiscalía General de la República. Sin embargo, tal parece que no ha convencido a nadie en un país que, aunque en el gobierno federal lo ignoren, cada día está más informado.
La impunidad campea y se aplica aquella tesis atribuida a don Benito Juárez: “a los amigos justicia y gracia; a los enemigos simplemente la ley”. Quedan pues, en automático, libres de culpa, los cómplices de la venta de balasto de mala calidad y los que supervisaron la obra, sin tener conocimientos técnicos.
Además, los que se embolsaron parte de los 60 mil millones que costó rehabilitar la vía; quienes adquirieron vagones y locomotoras usadas, en fin, toda esa cadenita de corrupción, para un fiasco de transporte, con el que se quiso sorprender la buena fe del pueblo bueno y sabio.
Lo cierto es que, pese a este engranaje de complicidades y verdades a medias, una parte importante del pueblo de México, consciente de los temas que han escandalizado al país, sabe qué se enconde detrás y a quienes se trata de proteger. Ahí están los casos del huachicol fiscal, la corrupción en las aduanas, los políticos metidos hasta el cuello en el tráfico de combustibles, en grupos criminales, en licitaciones y ventas amañadas, etcétera.
¿Cuántos han sido detenidos o más bien, cuántos han obtenido amparos para librarse de la cárcel? El escándalo de las camionetas blindadas para los 9 ministros de la Suprema Corte de Justicia, es sólo un juego de párvulos ante la podredumbre que inunda al país. La doble moral, el doble discurso, la incongruencia, la demagogia y la indolencia, son el símbolo de estos tiempos.
Vale más hacer labor diplomática ante un gobierno, para que los fans mexicanos de un grupo musical coreano puedan disfrutar de un concierto, que dar el pésame a las familias de 11 personas ejecutadas en un campo de fútbol de Salamanca, Guanajuato.
Vale más salir con el infantil argumento de que el maquinista del Tren Interoceánico venía a 15 kilómetros más de los 50 permitidos, lo que generó el accidente mortal, que en darle satisfacción, más allá de las indeminizaciones, a los dolientes de las 14 personas fallecidas y llevar a los verdaderos responsables a prisión. (JPA)

