Opinión Portada 

El comentario de hoy, jueves 5 de febrero 2026

Hace unos días, al espectro de sitios arqueológicos descubiertos en Oaxaca, se sumó un nuevo hallazgo: la tumba número 10 en Huitzo que, incluso en la opinión de la misma presidenta de México, Claudia Sheinbaum, es el descubrimiento más importante de la última década, sobre todo por el buen estado en que se encuentra. Ello abrirá la puerta para nuevas investigaciones y, seguramente, más exploraciones en nuestros Valles Centrales.  

Según revistas especializadas y boletines oficiales, se trata de una tumba que data del año 600 de nuestra era, destinada a resguardar y venerar a un personaje de la nobleza. En la entrada se aprecia un búho, asociado con la noche, poder y muerte; debajo de esta figura hay un hombre zapoteco, posiblemente a quien se dedicó la tumba. El lugar está rodeado por un friso, lápidas grabadas con nombres calendáricos, así como figuras labradas de un hombre y una mujer, que posiblemente eran los guardianes del recinto funerario.

Llama la atención un mural que, al interior de la cámara representa una procesión o una ceremonia zapoteca, de personas cargando bolsas de copal. Es importante subrayar que, en 1985, en una población vecina, Santiago Suchilquitongo, se descubrió la Tumba 5, que es contemporánea de la 105 de Monte Albán. Es, asimismo, uno de los elementos funerarios más bellos en Oaxaca. Según los expertos, Huijazoo data del período clásico de la cultura zapoteca: 650 a 900 después de Cristo.

Busqué en la página oficial de la Secretaría de Cultura federal y encontré que, “en el caso de la tumba 5, varios han sido los investigadores que hablan sobre el estilo de los frescos y relieves, ubicándolos con un estilo teotihuacano y maya. En cuanto a la interpretación que se les ha dado a las pinturas murales de la tumba de Huijazoo, contiene una historia genealógica que se prolonga al menos durante 175 años y traza la sucesión de ocho generaciones”.

Sin embargo, más allá de descripciones e interpretaciones aportadas por estudiosos de las culturas antiguas, hay que destacar la grandeza de nuestras raíces ancestrales. Por ello -siempre insistimos- Oaxaca es mucho más que folklore, ferias o fiestas tradicionales. Es, como alguien dijo, el corazón cultural de México.

Corresponde a las autoridades la salvaguarda de dichos monumentos y todos los sitios que existen en la entidad, del saqueo y el deterioro. Además, abrirlos a quien desee conocerlos. No por algo, aunque en difusión estamos en pañales, Oaxaca sigue como un destino cultural por excelencia. Tenemos mucho que mostrar al mundo. (JPA)

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