S-22: ¿Otro mártir?
Si algo caracteriza a los dirigentes y miembros de la Sección 22, es su perpetua pretensión a victimizarse. Pueden agredir, secuestrar, bloquear, extorsionar y hasta asesinar, como ocurrió en 2006, con un joven de apellido OVANDO, que murió degollado en una barricada o el maestro, RENÉ CALVO ARAGÓN, presunta pareja sentimental de CARMEN LÓPEZ VÁSQUEZ, a) La Jicayán, que fue asesinado con arma blanca. Esos crímenes no cuentan para la Sección 22. Pero que nadie los toque, porque entonces es represión. Cuentan aquellos ilícitos en los que ellos se asumen víctimas. Más protestan en tanto más radicales son los heridos o muertos. He ahí el ridículo que hicieron algunos maestros de las delegaciones de Valles Centrales, al pasear el cadáver de JORGE VELA DÍAZ, el maestro asesinado el pasado miércoles, cuando llegaba a la Escuela Primaria “Vicente González” de Ocotlán de Morelos y llevarlo hasta el mismo zócalo de la capital.
La provocación del magisterio afiliado a la CNTE/Sección 22, tiene como propósito eso, generar víctimas mortales a quiénes pasear, erigirles un altar en el panteón de los mártires y poner su fecha de sacrificio como un emblema y bandera de protesta. El recientemente asesinado VELA DÍAZ lleva ese estigma. Era de los cuadros más radicales y acelerados de la Sección 22. Egresado ¿saben de dónde? De la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero. Para entender al mentor fallecido basta ver su cuenta de twitter y darse cuenta de sus mensajes. Unos cuestionando la labor periodística de RICARDO ALEMÁN, con un lenguaje soez y vulgar; ensalzando el de CARMEN ARISTEGUI y profiriendo mentadas de madre en contra del presidente ENRIQUE PEÑA NIETO.
La dirigencia de la S-22 volvió de inmediato a los lugares comunes: responsabilizar al Estado “que ha privado de la vida a nuestros camaradas”. En otro comunicado, reprobaron el gobierno de GABINO CUÉ por no garantizar “la seguridad de los maestros”. Pero no van al fondo del asunto: el porqué de una ejecución frente a padres de familia, maestros y alumnos de su centro de trabajo. Hay que recordar que la lección de los 43 desaparecidos en Iguala, Guerrero, estudiantes de la misma Normal de Ayotzinapa, tiene una explicación: secuestraron los autobuses equivocados. Ello motivó una respuesta brutal de parte de los grupos criminales. Y el caso no termina de esclarecerse. Los mentores y los normalistas de la CENEO, ambos con sus excesos y atropellos en contra de la sociedad civil, atentan muchas veces en contra de los intereses de la delincuencia organizada. El revire es brutal. En eso no han terminado de reparar nuestros insignes “luchadores sociales”. (JPA)

