Coordenada 21 

Pobreza y democracia. Por Samael Hernández Ruiz

pobreza oaxaca

Por Samael Hernández Ruiz.

Hace unas semanas, la publicación del informe de la CEPAL, “Panorama social de América Latina”, 2015, provocó un debate en los medios nacionales e incluso una respuesta del Secretario de Desarrollo Social José Antonio Meade, indicando que la afirmación de la CEPAL de que la pobreza se había incrementado en México, obedecía a formas obsoletas de la CEPAL de medir ese fenómeno.

En mi opinión, el debate está viciado de origen porque no se ha establecido con claridad cuál es la naturaleza de aquello que nos ocupa.

Muchos coinciden cuando afirman que la pobreza es un fenómeno multifactorial, como si con sólo decirlo la comprensión del problema quedara resuelta.

El Banco Mundial, por ejemplo, sostiene que la pobrez incluye “incapacidad para satisfacer las necesidades básicas, falta de control sobre los recursos, falta de educación y desarrollo de destrezas, deficiente salud, desnutrición, falta de vivienda, acceso limitado al agua y a los servicios sanitarios, vulnerabilidad a los cambios bruscos, violencia y crimen, falta de libertad política y de expresión ” (THE WORLD BANK GROUP,1999: 2.Citado por Alberto Romero. Globalización y Pobreza. Ed. Unariño.2002.)

De acuerdo con la CEPAL, “La noción de pobreza expresa situaciones de carencia de recursos económicos o de condiciones de vida que la sociedad considera básicos de acuerdo con normas sociales de referencia que reflejan derechos sociales mínimos y objetivos públicos. Estas normas se expresan en términos tanto absolutos como relativos, y son variables en el tiempo y los diferentes espacios nacionales” (CEPAL, 2000a: 83).

Por su parte, Amartya Sen se refiere a “las combinaciones alternativas que una persona puede hacer o ser: los distintos funcionamientos que puede lograr”. Se trata de evaluar a la persona “en términos de su habilidad real para lograr funcionamientos valiosos como parte de la vida”. Cuando la evaluación se refiere a la totalidad de la sociedad, a la ventaja social, se toma el conjunto de las capacidades individuales, “como si constituyeran una parte indispensable y central de la base de información pertinente de tal evaluación”.

Otro enfoque de la pobreza es el de la llamada pobreza humana, propuesto por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Este enfoque se refiere a la privación en cuanto a tener una vida larga y saludable; poder acceder al conocimiento; alcanzar un nivel de vida decente y a acceder a la participación. Este concepto se diferencia de la definición de pobreza de ingreso, que parte de la privación de un solo factor: el ingreso, “ya sea porque se considera que ese es el único empobrecimiento que interesa o que toda privación puede reducirse a un denominador común”. De acuerdo con el PNUD, “el concepto de pobreza humana considera que la falta de ingreso suficiente es un factor importante de de privación humana, pero no el único”, y que por lo tanto no todo empobrecimiento puede reducirse al ingreso. “Si el ingreso no es la suma total de la vida humana, la falta de ingreso no puede ser la suma total de la privación humana” (PNUD, 2000: p.17).

pobreza oaxaca1

Me quedo con la definición de Amartya Sen, porque tiene ganancias teóricas que permitan avanzar en una mejor comprensión del fenómeno, y es que la comprensión de la pobreza pasa por la comprensión del poder.

Lo que sigue, son notas para una mejor comprensión del proceso político que guíe la construcción de un régimen democrático que permita a los mexicanos superar las complicaciones que hoy enfrentamos, usando una terminología gramsciana, de un proyecto hegemónico agotado y que es urgente transformar.

Una evaluación seria de nuestras posibilidades llevaría años de estudio, pero afortunadamente la tarea colectiva está en marcha y hay muchas propuestas por recuperar y poner en practica; pero lo primero es comprender; ya que sin una adecuada comprensión de lo que nos sucede y las opciones para superarlo, corremos el riesgo de replantearnos el viejo dilema de civilización o barbarie, sólo que ahora, estamos más próximos a la segunda opción.

Lo que sigue es una reflexión que desea mostrar que en la sociedad no hay problemas aislados y que intentar aislarnos nos condena a no resolverlos. Por la naturaleza de este escrito, tendré que ser breve, quizás hasta esquemático, pero es necesario avanzar abriendo el debate, aún con esas limitaciones para después profundizar.

Parto de la filosofía política de Enrique Dussel (Dussel,E. Política de la liberación. Arquitectónica. Trotta, 2009) cuando afirmo que el poder es la capacidad que tiene un colectivo humano para realizar su voluntad de vivir.

Destaco que la propuesta de Dussel evita conceptualizar el poder sólo como dominación y considera voluntad de vivir como la búsqueda y producción de los satisfactores y condiciones necesarios para la vida, su continuidad y su disfrute.

El poder no es principalmente una forma de dominación sino la expresión práctica de la voluntad de vivir. Para establecer las condiciones fácticas que hagan realidad la voluntad de vivir, se hacen necesarias las instituciones: políticas, normativas, económicas, tecnológicas, científicas, artísticas e incluso, religiosas.

Ejercer la voluntad de vivir del colectivo humano mediante las instituciones mencionadas, es la expresión práctica del poder.

Por lo tanto, de acuerdo con Dussel, la voluntad de vivir reside en el colectivo humano y su ejercicio depende de él y solo de él, es decir, el poder. Cuando el poder se llega a expresar en instituciones, se constituye un régimen político en la sociedad que establece las reglas del ejercicio del poder.

A partir de aquí emerge el riesgo de que el poder se corrompa, y eso sucede cuando lo que emanó del colectivo humano, no responde a su voluntad de vivir. La voluntad de vivir se hace entonces sólo parcialmente realizable.
Toda la ciencia política moderna concluye que las monarquías, las oligarquías, las tiranías o los regímenes autocráticos, corrompen al poder, porque no responden ni dan cuenta de la voluntad de vivir del colectivo humano; ni siquiera las actuales democracias liberales.

En las sociedades capitalistas, las democracias liberales no expresan cabalmente la voluntad de vivir del colectivo humano en las instituciones y en las formas de actuar de las instituciones y cuando eso sucede, se expresa primero en exclusión de la política y después en lo que llamamos pobreza, porque las democracias liberales conforman un poder a modo para que la minoría capitalista realice su voluntad y no la del colectivo humano en su conjunto.

Así pues, la pobreza en el sistema capitalista, es la expresión extrema de un proceso permanente de subsunsión del trabajo humano (Marx), es decir, inclusión con subordinación. Dicha subsunsión se da a partir de múltiples procesos confluyentes:

a. El mantenimiento de salarios precarios.
b. La indefención del trabajador asalariado, el pequeño empresario y el pequeño propietario agrícola, ante el capital.
c. El consumismo como condición para el despojo de bienes y servicios mediante las deudas impagables para los asalariados o pequeños propietarios.
d. El empleo percario o subempleo.
e. Una educación centrada en el individualismo y la “empleabilidad”.
f. La baja rentabilidad o productividad como criterios que justifican la marginación.
g. El desempleo, y finalmente
h. La pobreza.

Estos procesos, documentados hasta el exceso por las ciencias sociales, confluyen en un hecho: la subsunsión del trabajo al capital, así para producir riqueza y plusvalía no retribuída, ni distribuída. La pobreza es entonces, sólo la punta del iceberg que escandaliza a las buenas conciencias, pero que oculta todo el proceso de salvaje subsunción del trabajo al capital.

Hay muchos regímenes políticos que contribuyen a que este hecho se realice, uno de ellos es la democracia liberal, pero en el fondo, todo se reduce al desprecio de la voluntad de vivir del pueblo, por un poder que ha sido enajenado de él.

El pueblo no es otro que el colectivo de los excluídos y empobrecidos, que reclaman participación y ser incluídos para que el poder político vuelva a tener sentido o, si se quiere, legitimidad. No escucharlos y construir con ellos una forma de democracia popular, es condenar al país, a cualquier país, a la barbarie.

El lector puede pensar que exagero; pero le aseguro que una observación atenta de lo que ocurre en México y en particular en Oaxaca, es alarmante.

Hoy nos convocan a elecciones y con todas las imperfecciones que pueda tener nuestro sistema político actual, es el que nos rige, y a partir de él se dan las condiciones para su transformación en una democracia popular. México y Oaxaca, necesitan de una reforma profunda de sus constituciones y leyes secundarias, que permitan que las instituciones operen en función de la voluntad de vivir del pueblo. Si la voluntad de vivir del pueblo no se pone en el centro del ejercicio del poder, el combate a la pobreza, su medición y los programas para atenuarla, serán meros discursos que ocultan la gravedad del hecho.

Las instituciones políticas pueden y deben incidir en la economía, no podemos resignarnos a que la mano invisible del mercado nos traiga la prosperidad y la felicidad; porque cuando lo hace, no lo hace para todos. Lo contrario también es posible: que la economía influya en la política; de hecho, mi tesis es que no hay problemas sociales aislados.

Hoy nuestro país, en algunos estados, se hará la renovación de algunas de sus instituciones políticas, Oaxaca en particular. No sé si el gobierno que surja de estas elecciones reflexione con seriedad sobre los problemas que aquí apenas y bosquejé; pero debería, so pena de no hacerlo, de ganar unas elecciones que no le permitirán gobernar. Esa es la actual contradicción de nuestro sistema político.

pobreza oaxaca2

Leave a Comment