Martín Vásquez: Nueva encomienda
Pocos políticos como MARTÍN VÁSQUEZ VILLANUEVA, han bogado con éxito en el turbulento mar de intrigas que es la política oaxaqueña. Y por lo visto ha salido adelante. A partir de hoy despacha como delegado de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), encomienda que le ha dado el presidente ENRIQUE PEÑA NIETO, a través de su amigo, JOSÉ ANTONIO MEADE, titular de la dependencia federal. La tarea, sin embargo, no es algo fortuito. Es un compromiso institucional, si partimos de la premisa de que Oaxaca es el termómetro para medir el éxito de la política social del gobierno federal.
Sin panegíricos ni apologías, el nuevo delegado ha palpado los grandes problemas de la entidad. No es un improvisado. Sólo en los últimos cargos: Secretario de Salud en el régimen pasado; diputado local en la LXI Legislatura local, en donde presidió la Junta de Coordinación Política y ex diputado federal en la pasada legislatura, no perdió de vista que la pobreza, la marginación y la migración, son látigos que siguen lacerando a nuestra gente. Como diputado federal tuvo constantes acercamientos con las comunidades triquis, zapotecas y otras, a las cuales gestionó importantes apoyos. Su labor fue silenciosa, institucional sin protagonismo ni la búsqueda de la sobada rentabilidad política.
Un mérito que nadie le puede negar a MARTÍN VÁSQUEZ, es su capacidad de interlocución entre las diversas fuerzas políticas. Ha sido una especie de catalizador, bien visto por actores de partidos u organizaciones. Con los medios de comunicación no se diga. Su arribo pues al nuevo cargo se percibe como un reconocimiento a su capacidad, experiencia y sensibilidad, que le permitirá desplegar con profesionalismo y convicción, a medio trecho del gobierno de PEÑA NIETO, los programas sociales y el éxito de los mismos, en la atomizada nomenclatura oaxaqueña.
Sin afán de demérito para los antecesores, ya hacía falta que llegara un oaxaqueño a dicho cargo, luego del paso del poblano JOSÉ ANTONIO AGUILAR SAN SEBASTIÁN y el sonorense, GUILLERMO ALFARO. Sólo padeciendo como propio el látigo de la pobreza que fustiga a nuestra gente, podemos percibir en su exacta dimensión la gran paradoja que nos toca vivir: estamos pobres, pero no somos pobres. Nuestra riqueza cultural –que VÁSQUEZ VILLANUEVA conoce a fondo- de recursos, de potencial en diversos rubros, es incompatible con esa pobreza congénita que siguen arrastrando miles y miles de oaxaqueños. (JPA)

