Las encuestas electorales

Por Samael HERNÁNDEZ RUÍZ
El 29 de marzo, Georgina Arellano publicó un artículo sobre las elecciones en Oaxaca y su fuente, decía, había sido una encuesta encargada por la oficina de la presidencia de la república a la cual ella tuvo acceso.
El artículo hacía referencia a otro de Federico Arreola publicado ese mismo día, pero que tomaba como fuente una encuesta sobre la elecciones en Oaxaca, publicada por el Financiero.[1]
El artículo de Arreola era un claro mensaje a Andrés Manuel López Obrador, su némesis, acerca de los daños que produce dividir a la izquierda y al final hace a López Obrador una recomendación: pactar con Miguel Ángel Mancera y Graco Ramírez, que pelean la candidatura del PRD a la presidencia de México; pactar también con independientes de izquierda, como Gerardo Fernández Noroña que aspiran a ser candidatos en 2018. Si hace eso, podría echar al PRI de la presidencia de la república.
Para sostener su recomendación Arreola analiza el caso de Oaxaca tomando como base los datos de la encuesta del Financiero.
Según esta encuesta, el candidato Alejandro Murat (PRI-PAN), contaría con el 35% de las preferencias; José Antonio Estefan Garfias tendría el 26% (PRD-PAN); Salomón Jara el 15% (Morena) y Benjamín Robles, el 14% (PT).
Siguiendo el mismo estudio, cuando se le pone nombre a los candidatos, suceden cosas interesantes: Alejandro Murat sigue con el 35% de las preferencias, pero José Antonio Estefan Garfias sube a 29%, es decir, incrementa en 3 puntos; por su parte Benjamín Robles sube a 16%, sube 2 puntos y Salomón Jara se mantiene en el 15%.
Con estos datos y otros de menos importancia, Arreola formula una serie de escenarios bajo supuestos que él mismo establece.
Benjamín Robles sólo busca atraer votos del PRD y del PAN.
Si lo logra, con atraer un 10% llegaría al 24% y con ello quedaría en segundo lugar.
Alejandro Murat se colocó en primer lugar gracias a la separación de Benjamín Robles del PRD.
Si el PRD impugna a Benjamín Robles y procede dicha impugnación (cosa que ya no sucedió), los votos de Benjamín Robles se irían a Morena, algo que ya no sucederá.
En vista de que ni con los votos de Robles Montoya ganará Salmón Jara, la victoria será del PRI-PAN, es decir de Alejandro Murat.
Georgina Arellano no está de acuerdo ni con los supuestos de Federico Arreola, ni con sus conclusiones, ni con sus datos de referencia; ella prefiere la misteriosa encuesta de la oficina de la presidencia a la cual ella tuvo acceso privilegiado.
Según esa encuesta, el PRD-PAN, tendría el 35% de las preferencias, el PRI-PVEM-Panal, Morena el 33%, el 16% y el PT el 11%.
Cuando se le pone nombre de candidato a los partidos, sucede algo similar a lo que pasa con la encuesta del Financiero: José Antonio Estefan Garfias baja al 22%, Alejandro Murat baja al 21%, Benjamín Robles sube al 20% y Salomón Jara se mantiene en el 16%. Primera conclusión, la competencia será entre tres, no entre cuatro como sostenía Arreola. Para apoyar esta conjetura, está la encuesta de “Buendía Laredo”, que muestra que Benjamín Robles es el único de los candidatos que atrae más votos de los partidos opositores a su candidatura.
Lo anterior significa para Georgina Arellano que hay un empate técnico de inicio, no hay que olvidar que las campañas inician oficialmente el 3 de abril.
Por lo tanto, si Andrés Manuel López Obrador se comporta racionalmente, le otorgará a Benjamín Robles los 5 puntos porcentuales con los que lo hará ganar.
¿Pero, que tanto sustento tienen estas conjeturas?
Aceptemos que hoy en día las elecciones no pueden pensarse sin encuestas que miden las preferencias partidistas y la intensión del voto de los ciudadanos pero, ¿ Qué es lo que se supone que se trata de investigar con las encuestas?
A caso :
- ¿Hacer una predicción de cuál candidato vencerá en las elecciones?
- ¿Conocer la popularidad y aceptación del candidato?
- ¿Evaluar el impacto de la campaña, de una declaración, la imagen, u alguna cosa relacionada con el candidato, en algún momento determinado del proceso electoral?
- ¿Convencer a los donantes para que apoyen con más dinero alguna campaña?
- ¿Inducir el voto, bajo el supuesto del rational choice del voto útil?
Antes de analizar si un estudio por encuesta, enfatizo: tal y como se hace ahora podría resolver las interrogantes anteriores, es necesario detenerse en los supuestos metodológicos de esos estudios. Se parte de que:
- Lo que se registra en la encuesta es lo que realmente piensa quien responde la encuesta.
- Las preguntas de la encuesta, tal y como están formuladas, no inducen a un tipo de respuesta.
- La muestra que se toma es representativa de la población que se desea estudiar.
- Las respuestas a cada una de las preguntas, se pueden separar de la opinión general del encuestador, que supuestamente está registrada en todas las respuestas que dio durante la encuesta; porque una contradicción, una sola contradicción invalidaría todas las respuestas consideradas como la opinión total del sujeto encuestador, y no me refiero a las preguntas de control, pensadas intencionalmente para que el encuestado caiga en una contradicción.
- El conteo de los resultados de las respuestas por separado, se pueden representar en el dominio de los números reales y por lo tanto las operaciones permitidas para los números reales valen para el conjunto de los resultados contabilizados.
- Se pueden asociar la opinión del encuestador con cierta probabilidad de que la convierta en realidad, es decir, que su intensión se convierta en voto.
Ninguno de estos seis supuestos se cumplen en el objeto bajo estudio que es la opinión o la intención del voto, el sentir o lo que piensan los que son encuestados, porque:
- No podemos saber si lo que las personas piensan es lo que dicen cuando contestan una encuesta.
- Las opciones de respuesta limitan el universo de opciones e inducen por tanto las respuestas a las opciones presentadas.
- La representatividad de una muestra no depende sólo de la técnica de extracción, sino de la naturaleza de los objetos, procesos o sujetos bajo estudio.
- Un estudio de encuesta por muestreo sólo es representativo de la población que presenta las características biológicas, socio-económicas, culturales, y políticas en el tiempo en se levantó la encuesta, no es válido intemporalmente, ni para todos los seres humanos de lo que se toma como población, y si lo es, loes bajo ciertas condiciones probabilísticas; además de que el control de las características mencionadas, requiere de procedimientos estadísticos sofisticados.
- El argumento implícito en la totalidad de las respuestas a la encuesta, no puede ser dividido en partes sin que esta partes sean descontextualizadas y menos puede ser considerado un elemento del argumento como autónomo y medible de cualquier forma que esto se haga.
- En México y particularmente en Oaxaca, el voto de tipo clientelar o más aún el voto de tipo corporativo, no se puede atribuir a la opinión o el deseo del individuo que está sujeto a las condiciones mencionadas. Sólo en el caso de los sujetos que no están sometidos a ningún tipo de coacción, su intención tiene más probabilidades de hacerse realidad, y he dicho más probabilidades, no que inevitablemente se haga realidad.
En el marco de las desalentadoras consideraciones anteriores ¿Qué se puede hacer con los estudios por encuesta?
En mi opinión hay que proceder como se procede en el campo donde tuvieron origen: las ciencias sociales.
Primero se necesita tener un referente teórico o varios referentes teóricos que permitan formular hipótesis verificables.
Segundo, las hipótesis deben ser precisas y falseables, es decir, si se asume que el objeto de estudio es medible, la hipótesis debe establecer los rangos en los que variará la medición de acuerdo con la teoría de la que deriva la hipótesis y se debe verificar empíricamente si esto sucede o no y
Tercero, si el estudio postula cierta relación de causalidad entre las variables ( p.e. si la imagen del candidato afecta la preferencia del votante), el estudio se vuelve más complejo y exige un diseño que permita fundamentar la causalidad o su posibilidad y las técnicas adecuadas para probar que dicha relación es observable bajo ciertas condiciones.
Las encuestas que se publican actualmente, son meras especulaciones para que algunos se calmen y otros se preocupen.
Pido al lector que haga una prueba: lea los resultados de una encuesta y pregúntese si las opciones de respuesta que están allí son las que usted quiere, y si faltan algunas que usted desea, escriba cuáles son; después pregúntese si su respuesta tal y como la reformuló es lo que realmente piensa (usted no se puede engañar a sí mismo) y por último vea si se puede encasillar, en algunos de los números que le presenta el informe de alguna encuesta. Por último, una vez que pase el día de las elecciones, es decir el día 6 de junio, si fue a votar o no, pregúntese si todo lo anterior tuvo sentido y si lo tuvo, por qué.
Se va a sorprender del resultado del experimento anterior; porque cuando uno lee los informes de las casas encuestadoras, comienza por tomar distancia de los sujetos que la contestaron como si fueran seres diferentes a usted o a mi, es decir como seres de otro mundo, y no es así, los encuestados son muy, pero muy parecidos a usted y por lo tanto usted tiene derecho a decir, qué tan apegada a la realidad están las encuestas.
¿Para que sirven entonces las actuales encuestas? Para darse una idea de las aspiraciones o expectativas de quien las pagó y quienes las interpretan.
El consejo que me atrevería darle a los políticos cuando lean una encuesta cuyos resultados les sean adversos, es preguntarse: si esto fuera verdad, ¿qué debería hacer para cambiar la situación a mi favor?
Uno esperaría que el supuesto candidato fuera lo suficientemente humano como para no engañarse a sí mismo; pero es poco probable, porque ser sincero en las condiciones descritas, es para los políticos mostrar debilidad. ¡Qué difícil!
Debo dejar bien claro que yo no me opongo a las encuestas, lo que critico es la forma en como ciertas encuestas se hacen y cómo se interpretan.
Actualmente, trabajo sobre un enfoque para observar los procesos electorales, que supere los inconvenientes de las encuestas especulativas y las remita a un marco que las acota como instrumentos de investigación, a la vez que las haga útiles.
El enfoque al que me he referido, no se propone ninguno de los objetivos que aquí mismo he mencionado, sino que busca evaluar el riesgo que actualmente representan en México ( y en Oaxaca) las elecciones, para constituir buenos gobierno democráticos. ¿Paradójico verdad? pero cierto, hoy las elecciones son un riesgo para constituir buenos gobiernos. ¿Hasta qué punto? Ese es el problema.
[1] Los artículos a los que me refiero son: Georgina Arellano. “Encuesta de Los Pinos o mi desacuerdo con @FedericoArreola sobre Oaxaca en 9 puntos.” Federico Arreola. La lección de la elección de Oaxaca para el PRI y AMLO en 12 puntos.
