Inseguridad galopante; apatía gubernamental
Oaxaca, como mucho se ha dicho, rebasa los parámetros normales de la criminalidad. En lo que va del año se han cometido al menos 285 asesinatos. Muchos de ellos han sido ejecuciones. Sólo el fin de semana pasado hubo al menos seis ejecutados, tres de ellos en Matías Romero. Pese al crecimiento inusual de estos ilícitos, en el gobierno de GABINO CUÉ se insiste una y otra vez, que en Oaxaca no hay delincuencia organizada ni, mucho menos, cárteles locales que luchen por la plaza, como descartó apenas el Secretario de Seguridad Pública, JORGE RUIZ MARTÍNEZ.
Uno de los tema del debate entre los aspirantes de partidos y coaliciones para la gubernatura el estado fue la seguridad pública, tema al que la mayoría le dio la vuelta y habló de otros rubros. Sin embargo, hubo una coincidencia: manejar la dependencia responsable de la seguridad no es tarea de aficionados. Se requiere –dijeron al menos tres de los aspirantes- de personal profesional. En el gobierno de CUÉ MONTEAGUDO, lo comentamos hace algunas semanas, se ha ido de más a menos. El primer titular de la Secretaría de Seguridad Pública, MARCO TULIO LÓPEZ ESCAMILLA, no sólo es abogado sino que llegó al cargo luego de haberse fogueado en la Policía Federal.
Uno de los motivos por los que MARCO TULIO ya no pudo permanecer al frente de la SSP fue, justamente, la frustración de no poder hacer nada ante la impunidad de maestros y grupos dedicados a quebrantar el orden y la ley. Renunció y fue designado una especie de comandante regional de la Policía Federal. El ejecutivo trajo entonces a ALBERTO ESTEVA SALINAS, sin experiencia alguna en temas de seguridad. Este confundió la tarea asignada con labor de proselitismo político y protagonismo personal. ¿Resultado? La policía comandada por JEICKOL PÉREZ se rebeló; tomó el cuartel y la ciudadanía quedó a merced de la delincuencia durante semanas. Hoy, el grupo que comanda el pastor protestante convertido en policía preventivo, es una especie de piedra en el zapato ante quien llegue.
JORGE RUIZ MARTÍNEZ, quien fue primero designado intermediario para resolver los entuertos entre los efectivos policiales y ESTEVA SALINAS, se quedó con el cargo, igual que el anterior, sin experiencia en el tema ni mucho menos tablas en el mando. En efecto laboró en la Secretaría de Seguridad Pública federal, pero en cargos administrativos no de acción o estrategia. El resultado está a la vista: no tiene ni remota idea de qué hacer ante una realidad apabullante: el crecimiento inédito en el índice de criminalidad en Oaxaca. (JPA)

