Coordenada 21 

Elecciones, élites y protesta social. La transición hacia la democracia en Oaxaca

Por Samael HERNÁNDEZ RUÍZ

Los partidos políticos y sus coaliciones, en su mayoría,  han designado a sus candidatos a gobernador para las próximas elecciones en Oaxaca. Lo que esperaríamos de la imagen de los aspirantes a la gubernatura, es que los oaxaqueños vieran en ellos, o en alguno de ellos la posibilidad de una mejoría en el bienestar de las familias oaxaqueñas con todo lo que ello implica de cambios y retos; pero no es así.

La mayoría de los oaxaqueños está convencida de que el nuevo gobierno, cualquiera que lo encabece, no mejorará las cosas para todos; como siempre, será un grupo pequeño de personas quienes resulten beneficiados por quienes ejerzan el poder en Oaxaca a partir del primero de diciembre de este año.

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Si pasáramos revista de cada uno de los partidos políticos, desde el Partido Acción Nacional, el Revolucionario Institucional, hasta MORENA, ninguno merece la confianza de la ciudadanía, la razón es muy simple: los hechos los condenan.

Sería demasiado extenso hacer un balance del comportamiento en el gobierno de todos los partidos políticos importantes, pero se puede resumir en pocas palabras, una eventual conclusión podría ser esta, los partidos políticos en el gobierno han sido : corruptos, orientados a su autosatisfacción, amorales,  desapegados de la ley y su aplicación, se han representado a sí mismos y a nadie más, procuran perpetuarse en el poder y se aíslan del resto de la sociedad, en su interior han sido  facciosos antes que democráticos y en el gobierno, indolentes, opacos, ineficientes e ineficaces. Todos los partidos políticos en menor o mayor grado sufren de algunos de esos males.

Lo anterior no significa que todos los miembros de los partidos políticos padezcan esos vicios, sería injusto además de falso, afirmar que no hay hombres y mujeres con moral, educados, con principios políticos y compromiso con sus semejantes en los partidos; pero esos, no son los que gobiernan.

La falta de ideología y principios  en un contexto de mercado electoral, ha llevado al extremo de que los partidos sean simples trajes que los políticos usan y desusan según su conveniencia, no según sus convicciones. ¿Cómo creer en quienes de entrada carece de principios?

La crisis de los partidos políticos en México y en el mundo, parece estar asociada a la evolución de esas organizaciones en respuesta a un sistema electoral que opera como mercado, en el que el mejor cotizado, accede al poder; en otras palabras, se especula con el discurso político, las relaciones y el voto, para después no dar resultados y menos rendir cuentas a los electores.

Los partidos políticos representaban la única puerta legítima para que el ciudadano accediera al poder del Estado o fuera representado en él; hoy esa posibilidad ha desaparecido. En este marco de ideas, las candidaturas independientes son el último intento ciudadano para acceder al poder, desde el mercado electoral,  para intentar mejorar el estado de cosas.

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Del argumento anterior, se podría inferir que la lucha electoral del 2016 en Oaxaca, no es entre partidos políticos o coaliciones, si no entre facciones de las élites en el poder, que utilizan a los partidos sin vincularse por ello, con ningún tipo de ideología  o plataforma programática.

Si todo lo anterior tiene algo de verdad, ¿de dónde vendrá el impulso para el cambio social que espera la mayoría?

De primera intención podría afirmar: de un tipo de partido que no respondiera al mercado electoral, lo cual sería difícil, porque para acceder hoy al poder, se requiere aceptar la lógica del mercado electoral. Pero la respuesta parece venir de la propia sociedad.

En todo el mundo emergió un fenómeno cuyo registro aparece en la década de los sesenta del siglo XX: la protesta. En efecto, aunque la protesta social tiene una larga historia, su número y  nuevas formas de expresión aparecen, como he dicho, en los años sesenta y su frecuencia y variedad se  incrementaron  con el paso del tiempo en muchas regiones del paneta. La protesta social parece ser la forma que adopta hoy la relación entre los excluidos y los llamados sistemas funcionales como el : político, económico,  educativo, científico-tecnológico, religioso,  incluso el sistema jurídico.

Es importante señalar esta forma de la acción social frente al Estado y el resto de los sistemas sociales, porque durante más de un siglo, el marxismo y sus expresiones políticas, la socialdemocracia y  el comunismo, nos ofrecieron un marco explicativo de los motores del cambio social que son ahora insuficientes.

La exigencia de contar con un marco explicativo que permita no sólo comprender lo que ocurre en la sociedad actual, sino aprovechar dicho conocimiento para mejorarla, se intensificó a partir de la mencionada década de los sesentas del siglo pasado y tuvo sus mas recientes resultados en la década de los ochenta, a partir del llamado giro lingüístico en las ciencias sociales y la mas reciente teoría de sistemas.

Esta última teoría, en la propuesta de Niklas Luhmann, merece un estudio profundo, que se asuma con una mente abierta y dispuesta a desechar dogmas y a reconstruir nuestra visión del mundo. Un joven y prometedor sociólogo mexicano se ha tomado muy en serio  este reto.

Marco Estrada Saavedra, doctor en sociología, investigador del Colegio de México y actualmente profesor invitado en importantes universidades de Alemania, publicó  su obra reciente ,“ Sistemas de protesta. Esbozo de un modelo no accionalista para el estudio de los movimientos sociales, Tomo I”,  editado por El Colegio de México en el 2015.

Me tendrá que disculpar el lector si no reseño el libro en esta ocasión, pero la tarea requiere de mas espacio del que ahora dispongo. Baste por el momento saber, que el libro aborda de manera crítica e innovadora la teoría de los sistemas sociales en cuanto a los movimientos sociales respecta y ofrece un marco teórico que permite describir y explicar a dichos fenómenos. De este modo, la tarea científica está iniciada y responde en cierta forma, al apremio del Dr. Pablo González Casanova de reconstruir actualizando a las ciencia sociales, desde la perspectiva de los explotados y su liberación.

Todo lo anterior se vincula con la situación en Oaxaca, en la que observo la emergencia de situaciones que van configurando las condiciones para una transición a la democracia, una transición en la que los sistemas de protesta o movimientos sociales de nuevo tipo, jugarán el papel que antes hacían los partidos de oposición al gobierno, los sindicatos, las grandes organizaciones campesinas o incluso los organismos empresariales.

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Al respecto, los primeros síntomas de cambio político se dieron en Oaxaca a finales de la década de los noventa y se expresó en la ruptura al interior de la élite político-empresarial en Oaxaca y la descomposición acelerada de la administración pública. En el 2006 el movimiento de la Sección 22 del SNTE, creó en parte las condiciones para la emergencia  de un fuerte sistema de protesta, el de la APPO,  cuyo efecto político-electoral fue el triunfo de Gabino Cué Monteagudo en el 2010. Pero como lo afirmaron los primeros análisis de algunas de las organizaciones que participaron en la protesta del 2006, Gabino Cué no representó otra cosa que la llegada al poder de una facción de la élite político-empresarial en pugna. La administración del gobernador Gabino Cué y la coalición política que lo llevó al poder, tuvo todas las características de los males que aquejan a los partidos políticos, y el desencanto provocado en el electorado, tendrá consecuencias negativas para el candidato de la coalición PAN-PRD en estas elecciones.

Por otra parte, el PRI y sus partidos coaligados, han asumido la representación de otra de las facciones en pugna. Si, como se dice, el PRD y sus aliados asumieron la representación de quien vinculan con  Diódoro Carrasco y Gabino Cué, el PRI y sus coaligados asumieron como propias las banderas de la facción Muratista y sus socios. Todavía en los años setenta, los antecesores de estas facciones hoy en pugna,  formaban parte de la llamada Familia Revolucionaria, hoy disfuncional.

En esta lucha encarnizada entre viejos políticos, intervienen nuevos actores como MORENA, los  partidos políticos pequeños  y personalidades como el senador con licencia Benjamín Robles Montoya. La  participación de estos nuevos actores en la lucha por el poder entre las facciones de las élites políticas oaxaqueñas no será triunfal, pero sí determinante. Veamos.

Es cierto que la salida de Benjamín Robles Montoya del PRD y su postulación como candidato a gobernador por el PT, le restará votos a José Antonio Estefan Garfias de la coalición del PRD-PAN; pero también es cierto que la postulación de Alejandro Murat lastimó a algunos grupos dentro del PRI, que no jugarán a favor del candidato priísta; en el mejor de los casos no llamarán a votar por él. Se puede afirmar que  los aparatos corporativos así como los grupos clientelares tienen fisuras, tanto en el PRI como en el PRD.

No podemos estimar cuántos votos perderá la coalición del PRD con la salida de Benjamín Robles Montoya, como tampoco podemos calcular cuántos priístas no darán su voto a Alejandro Murat; lo que sí podemos afirmar es que manteniéndose constantes los votos de MORENA y los otros partidos, harán que el choque entre las facciones de élite en pugna sea despiadado y de un alto costo tanto político como económico. Quien resulte vencedor en esta contienda tendrá muchas, pero muchas dificultades para gobernar Oaxaca.

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Si como he afirmado, los partidos políticos son ahora meros medios publicitarios para el mercado electoral, no vendrá de ellos ninguna presión orientada al cambio social para que las cosas mejoren para los oaxaqueños, el escenario más probable será una segunda edición de la administración de Gabino Cué del color que ustedes quieran.

Lo anterior no significa que la insistencia por el cambio social disminuya en Oaxaca. El debilitamiento del Movimiento Democrático de los Trabajadores de la Educación en Oaxaca (MDTEO), no implica la desaparición de la protesta social, por el contrario, su número e intensidad podrían incrementarse.

Es posible que el incremento de la protesta social en un contexto de crisis económica, criminalidad y violencia, obligue a que las élites acepten cambios en lo político y en cierta grado en lo social. Si algo de esto sucede, el lento proceso de la transición de Oaxaca hacia la democracia se verá fortalecido; de lo contrario, lo que está sucediendo hoy en Veracruz podría ser el anticipo de lo que nos espera.

Por lo anterior, la  pregunta crucial es: ¿cuál de las dos facciones de las élites oaxaqueñas en pugna será más sensible a la presión social y al cambio? La respuesta a esta pregunta podría orientar la preferencia de una parte del  voto ciudadano en las elecciones de junio del 2016.

De los actuales contendientes, Alejandro Murat y José Antonio Estefan Garfias, el que afiance un compromiso con la parte mas dinámica de la ciudadanía sin la mediación de los aparatos corporativos o clientelares, abriendo su gabinete para la participación de los mejores oaxaqueños y comprometiéndose públicamente con figuras de prestigio y solvencia moral, estaría enviando un mensaje alentador, encerrados en sus burbujas, nada bueno puede esperarse.

A lo anterior podría agregarse un discurso que se articule a partir de comprometerse con resolver los grandes males políticos de la época: la corrupción, la impunidad y  la falta de transparencia.

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