El comentario de hoy, martes 31 de marzo de 2026
Estamos ya en el cuarto año de ejercicio de la Primavera Oaxaqueña. Amén de las obras emprendidas por esta administración, algunas conocidas y otras no tanto, tal parece que la capacidad de olvido, tan común en nuestra sociedad contemporánea, ha hecho mella en Oaxaca. Más allá de que los responsables de obras millonarias del pasado régimen, entregadas a medias o mal hechas, estén blindados, a ello se agregan añejos litigios oficiosos del actual gobierno.
Ello ha representado para los oaxaqueños un doble golpe. Por un lado, la impunidad que permea en el ejercicio público. Los peces gordos que se fueron pueden estar tranquillos, nadie les tocará un pelo. Podrán disfrutar de la riqueza mal habida y pitorrearse de una justicia torcida. Pero quienes se presume deberían exigir cuentas, me refiero a este gobierno, se han enfrascado en un incierto litigio que, en ruta para cumplir el cuarto año de este régimen, el Teatro “Álvaro Carrillo”, no ha sido restituido a su legítimo propietario: el pueblo de Oaxaca.
Hay que recordar que fueron cerca de 500 millones de pesos lo que costó la remodelación del teatro aludido. Ahí se llevó a cabo el VI y último informe del ex gobernador Alejandro Murat. Con un foro incompleto y lo que serían las butacas para el auditorio, habilitado con tablones y estructura tubular, que asemejaba un circo o jaripeo pueblerino, entró, desde entonces, en un progresivo deterioro. Hoy luce como un elefante blanco. Remontado, abandonado y lleno de fauna nociva.
Habría que preguntarle al titular de la Consejería Jurídica, bajo la premisa de la vieja sentencia de que “justicia retardada es justicia denegada”, en cuánto tiempo más estima para que se resuelva su alegato jurídico. ¿Será que se terminará el sexenio del gobernador Salomón Jara y ni castigo a los responsables ni, mucho menos, la restitución de ese bien público y su uso para el cual fue concebido? ¿O será que se cocina otra maniobra del Cártel del Despojo, ahora maquillado con la reforma de expropiación validada por esa caterva de inútiles que despachan en San Raymundo Jalpan?
Y es que es un agravio social que, Oaxaca con tantas carencias, rezago y pobreza, y haya regímenes que se den en lujo de echar a la basura millones y millones y que, si bien le hacía falta una manita de gato al citado Teatro “Álvaro Carrillo”, hubiera sido preferible dejarlo con su construcción original a la penosa imagen actual. Lo peor de todo es sorprender la buena fe del pueblo “bueno y sabio”. El gobierno de Salomón Jara tiene la palabra, pues nada bien dice de su régimen que, a más de tres años, sigamos en las mismas. (JPA)

