El comentario de hoy, martes 17 de marzo:
El pasado 22 de febrero, como producto de un inédito operativo militar y policíaco en Tapalpa, Jalisco, murió uno de los líderes criminales más sanguinarios de que se tenga memoria. Durante años estuvo en la mira de los gobiernos de México y Estados Unidos. Los efectos colaterales por su muerte, se extendieron en una veintena de entidades del país, con bloqueos, incendio de vehículos, balaceras y homicidios. Una treintena de militares y elementos de la Guardia Nacional perecieron.
Oaxaca no se salvó de los coletazos por la muerte del capo. Juchitán de Zaragoza, paraíso del crimen, las ejecuciones y el cobro de piso, puso la nota. Bandas locales –dijeron las autoridades- se sumaron a los disturbios. Fueron incendiadas 14 unidades de motor, entre vehículos particulares y unidades de transporte público. Hubo al menos dos detenidos. Sin embargo, desde esa fecha para acá, el crimen no ha cedido un ápice. Es decir, se mantiene tal cual.
Catalogada como una de las ciudades más violentas del país, aporta cada día más cifras negativas a las estadísticas. Oaxaca ha figurado en días pasados, como una de las entidades que más homicidios dolosos registra. El año pasado, la Fiscalía General del Estado, en coordinación con la Guardia Nacional, la Marina y el Ejército, llevó a cabo el operativo conocido como “Sable”. Ni ello logró inhibir las operaciones criminales.
Hay que admitir, sin embargo, que el cáncer pernicioso de la inseguridad no sólo afecta al territorio teco, aunque sí padece una situación más grave, sino que se ha extendido por otras regiones. Los Valles Centrales, por ejemplo. Hay zonas por Etla o Xoxocotlán que se han convertido en tiradero de cadáveres. Ciudades de la Costa o la Mixteca no han estado exentas de operaciones ilícitas derivadas de ese cáncer que ha diezmado a los mexicanos.
A poco más de un mes de haberse dado el cambio de titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, se desconoce cuáles serán las estrategias en materia de combate a la delincuencia. Al menos en el programa Oaxaca Segura, el gobierno estatal ha impulsado un proyecto ciertamente novedoso: la construcción de espacios seguros, calles con cámaras de video-vigilancia, más iluminación y dotadas de botones de pánico.
Todo ello en la capital oaxaqueña en la que, según mediciones oficiales, 7 de cada 10 ciudadanos se sienten inseguros. Se trata, desde luego, de una iniciativa que busca revertir esa pésima imagen. Habrá que ver si la misma se aplicará en la ya citada ciudad de Juchitán, Salina Cruz, Tehuantepec, Huajuapan de León, Tuxtepec o Pinotepa, joyas de la Corona para la delincuencia. (JPA)

