Opinión 

El comentario de hoy, martes 5 de septiembre 2023

Por fortuna, el paro indefinido a que había convocado el llamado Cártel 22, sólo fue un amago, una amenaza. Hubo suspensión sólo un día. Es decir, los ideólogos encabezados por su dirigente seccional, se convencieron de que era un exceso, un abuso, iniciar el ciclo escolar 2023/2024 y hacer del mismo un remedo del 2006, cuando a raíz del conflicto político y social que se prolongó del 22 de mayo al 26 de noviembre, ni siquiera se inició formalmente el año lectivo.

Sin duda alguna, ya les cayó el veinte de que el radicalismo de corte marxista no está en sus mejores momentos, justamente por el papel que han asumido las asociaciones de padres de familia respecto a los contenidos de los Libros de Texto Gratuitos en el país. Haber adelantado el inicio de clases, el pasado 24 de agosto, cuando oficialmente inició el 28, fue un despropósito que, por si no fuera suficiente, sólo siguió un grupo reducido de maestros.

Si bien el magisterio afiliado a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación –la CNTE- ha sido bien ponderado por el presidente López Obrador, como uno de sus aliados que lo llevó al triunfo en 2018, también es cierto que no se ha prestado al juego del organismo disidente. El mismo Cártel 22 no ha podido abrir la puerta del Palacio Nacional. Cuando lo intentó le dieron portazo. Obvio, los amigos del presidente eran “Los Pozoleros” no la nueva dirigencia.

El gobierno de la Primavera Oaxaqueña les ha dado el oro y el moro. Es más, se habla de que, en el IEEPO, ex dirigentes y cabezas de tribus magisteriales ya enchufaron a sus piezas. Y que la famosa bilateralidad va viento en popa. Pero quieren más. Las incidencias, los pagos, el castigo a los responsables del 2006 o de 2016 en Nochixtlán, son demandas eternas. Nada que ver con el compromiso incumplido de mejorar la calidad de la educación.

Los maestros que están afiliados a la Sección 22 del SNTE que, la mayoría de las veces los afilian sin darles opción, deben recuperar ante la sociedad, ese prestigio perdido y estigmatizado. En el gobierno estatal, así se ha visto, les han abierto las puertas; en la Federación les ponen mesas de diálogo con funcionarios de segundo o tercer nivel. Su cerrazón ha tenido una respuesta: el desprecio oficial a sus métodos de chantaje y presión.

De aquellas marchas y manifestaciones que cobraron simpatía y apoyo social en los años 80 del siglo pasado, ni sus luces. El magisterio disidente perdió su base social de apoyo. Sus aliados ideológicos les han dado la espalda. Vale más que se pongan a trabajar y cumplir con sus responsabilidades docentes en el proceso enseñanza-aprendizaje. Su lugar es el aula y no las calles.  

La vida sindical ha discurrido –dijo uno de sus ideólogos hace una década- por fangosos caminos, donde la indecisión o la veleidad política, han llevado a la contaminación de todas las relaciones internas y a la ruptura del tejido social en cada una de las delegaciones sindicales. El movimiento, es la demostración sui géneris de un proceso social estancado. (JPA)

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