El comentario de hoy, martes 24 de febrero 2026
Los hechos ocurridos el pasado domingo en el estado de Jalisco, en donde resultó herido, detenido y, posteriormente muerto, uno de los líderes criminales más sanguinarios de que se tenga memoria, puso a México a los ojos del mundo como lo que es, un paraíso del crimen organizado. Este cáncer se ha dejado crecer, pese haber dejado tras de sí miles y miles de muertos y una sociedad mexicana –lo vimos el domingo- inerme ante sicarios cebados en sangre.
Decenas de autobuses, trailers y vehículos particulares fueron incendiados para provocar terror en la población en varias partes del país. Oaxaca no fue la excepción. Juchitán de Zaragoza, esa ínsula de impunidad, cuyas autoridades han sido solapadas hasta el hartazgo, volvió a poner la nota. Dicha ciudad istmeña volvió aparecer ya no para sorprender con sus trajes, su folklore, sus velas o sus mujeres cargando iguanas, sino como coto del crimen organizado.
Es importante subrayar que notas periodísticas dan cuenta de que las operaciones criminales en dicha población, no son nada reciente. Tiene ya al menos dos décadas que la situación estratégica del Istmo de Tehuantepec ha sido un festín de la delincuencia. En el régimen priista de Alejandro Murat se les quiso poner freno. Pero la extorsión, el cobro de piso y las ejecuciones se volvieron un tema cotidiano.
En la Primavera Oaxaqueña, se han exacerbado. Varios operativos se han instrumentado, incluso el llamado “Sable”, sin que se hayan podido erradicar las acciones criminales. Éstas se han incrementado luego de que a capos y sicarios se les cayó el negocio del tráfico humano, a raíz del endurecimiento de las medidas migratorias por parte del gobierno de los Estados Unidos. Han tenido aterrorizada a la población.
Hay que subrayar que otras poblaciones istmeñas le han hecho segunda, como Tehuantepec, Salina Cruz, El Espinal, Asunción Ixtaltepec, pero, especialmente, Matías Romero. Ésta última, verdadera guarida de delincuentes, en donde el domingo pasado, según información oficial, dos elementos de la Policía Estatal perdieron la vida cumpliendo con su deber, al intentar desalojar un bloqueo carretero.
La situación de violencia, orquestada por bandas locales, vinculadas seguramente con el cártel, cuyo capo fue abatido, han sembrado el terror. Esta situación requirió el despliegue de operativos de seguridad y la presencia del Fiscal General del Estado, Bernardo Rodríguez Alamilla, quien reconoció en la conferencia de este lunes, la detención de dos presuntos responsables que ha generado violencia en la región.
Con los cambios recientes en el gabinete estatal, es tiempo de que el nuevo responsable de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, se ponga las pilas. Pues lo que se vive en México y lo que vivimos en Oaxaca, va más allá de tomar el cargo como si fuera un día de campo. (JPA)

