Opinión Portada 

El comentario de hoy, martes 13 de enero 2026

La semana pasada, el ejecutivo estatal instaló la Comisión de Combate y Prevención de Incendios Forestales. El objetivo es salvaguardar los más de 6.29 millones de hectáreas de superficie forestal con que cuenta Oaxaca. Y es que la nuestra es una de las entidades del país que en años recientes ha registrado el mayor número de siniestros en este rubro.

Cualquier observador puede constatar el daño ocasionado por un siniestro a sólo a unos cuantos kilómetros del paraje denominado El Estudiante, rumbo a la Sierra Juárez. Hoy es un paraje desolado. Hace un año, los incendios forestales devastaron miles de hectáreas. Hay que recordar que se tuvo que recurrir a aeronaves para sofocarlos en algunas zonas. La mayoría -dicen los expertos- son provocados por la irresponsabilidad humana.

La quema de pastizales y la añeja práctica de prender fuego a especies menores para sembrar una pequeña parcela de maíz, sigue devastando nuestros bosques. Amén de aquellas personas que prenden fogatas sin apagar las brasas o fumadores que lanzan colillas a la maleza.

Sin embargo, eso es sólo una parte de lo que hemos perdido. A diario son miles de metros cúbicos de madera que es transportada por cientos de camiones. No hay superficie forestal en la entidad que no hay sido tocada por los depredadores y tala-montes. Ello contrasta con pequeñas superficies que están bajo resguardo y explotación de algunas comunidades de las Sierras Norte y Sur.

No se diga la explotación clandestina de maderas preciosas como en la región de Los Chimalapas. En Oaxaca existen decenas de organismos civiles que protestan y vociferan cuando se trata de la explotación de fundos mineros, pero guardan silencio cuando se trata de la irracional deforestación de miles y miles de hectáreas. Lo que antes fueron zonas boscosas y verdes, hoy son eriales semidesérticos.

Ni las dependencias federales que dicen proteger el medio ambiente o la superficie forestal, ni las estatales que tienen que ver con este tema levantan la voz y callan como momias. Una buena medida en estos tiempos llamados de transformación es que las comunidades que cuentan con bosques maderables, los hagan suyos, exploten y cuiden.

Asumir como compromiso la reforestación. Capacitarse para hacer sus predios autosustentables. Porque será una cruel paradoja que ellos cuiden sus bosques, para que vengan las moto-sierras, las grúas o la nueva tecnología de los depredadores, a hacerlos tablones, tablas, polines u otros.

¿En dónde están los grupos y organizaciones que dicen defender la tierra y el territorio, como las del Istmo que le han hecho ver su suerte a las empresas que generan energía eólica? ¿En dónde los grupos antiminas? ¿Y en dónde las consultas a los pueblos originarios que durante años les fueron arrancados sus recursos forestales por concesiones de las que jamás se les consultó? (JPA)

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