Opinión Portada 

El comentario de hoy, martes 10 de marzo 2026

El lunes 2 de marzo, como ya es común al inicio de la semana laboral, los capitalinos vivimos, de nueva cuenta, ahorcados por una decena de bloqueos. Por un lado, ese beligerante ícono del chantaje llamado Frente Popular Revolucionario –el FPR-, siempre alargando la mano. Por otro, sindicatos y trabajadores de los Servicios de Salud y vecinos de La Cascada. Ninguna sorpresa. Éstos llevan el bloqueo tatuado en la mente.

Los bloqueos en calles del Centro Histórico, el Boulevard Vasconcelos, la Colonia Reforma y otras hicieron un día infernal a los citadinos. Unos por dinero, otros por demandas laborales y otros, porque no les había llegado el agua. El chantaje a flor de piel y la consigna de fastidiar a la ciudadanía inerme, como una forma ruin de que el gobierno les resuelva sus exigencias. La estrategia de “yo dialogo, no bloqueo”, pero al revés.

Es decir, primero bloquean calles y oficinas, horas o días después les ponen su mesa de diálogo. Este método es ya una institución. Por ejemplo, en la Colonia la Cascada se llevan a cabo obras. Desconozco si del gobierno estatal y municipal. El citado día 2, quienes utilizaron la calle que desciende de la avenida Venus, se toparon con una desviación, que por calles estrechas llevan a una sola vía de desfogue. Pues ahí, no menos de 10 personas, montaron su bloqueo.

Es decir, una demanda de dos o tres se convierte en afectación colectiva. Para quienes se dirigen a la Colonia Reforma, San Felipe o el norte de la ciudad, la alternativa fue tomar la vía hacia las colonias Río Blanco, Pozas Zarcas o Manuel Sabino Crespo. Un trayecto de pesadilla. Una avenida en completo abandono. A donde no han llegado las bondades estatales o municipales; ni el mágico tequio, que se ha convertido en un simple fuego fatuo para simular trabajo.

Quienes por ahí transitan tienen que hacer milagros para esquivar los baches, verdaderos paisajes lunares, la falta de señalización, el polvo, el agandalle de los camioneros. Ese abandono no es nuevo. De los últimos tres presidentes municipales, estoy seguro que ninguno ha tenido la convicción de pasar por dicha avenida, que nada le envidia al tramo Barranca Larga-Ventanilla de nuestra flamante vía a Puerto Escondido.

Gobiernos de todos los colores, partidos e ideologías han pasado sin que se ponga un hasta aquí a ese método ruin del bloqueo y el chantaje. Un atentado a la civilidad, a la gobernabilidad y a la paz social. Lo peor de todo es que las autoridades, que por ley deben proteger los derechos colectivos y mantener firme el Estado de Derecho, son las primeras omisas que, al borde de su incompetencia, hasta publicitan los lugares donde se montan los bloqueos. (JPA)

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