Opinión Portada 

El comentario de hoy, jueves 26 de marzo:

El pasado 12 de marzo y, como premisa del envío del cacareado Plan “B”, plagado de errores e inconsistencias, respecto a la Reforma Electoral, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó en su conferencia de prensa mañanera, una tabla en la que mostró el costo al erario de cada entidad, de cada diputado local y lo que se eroga por cada Congreso estatal.

Oaxaca no es ni de los más altos del país, tampoco de los más bajos. Sí de los más pobres y con un congreso numeroso, oneroso e improductivo. La tabla aludida -se presume que con información confiable- establece que cada representante popular cuesta a los oaxaqueños, poco más de 31 mil pesos diarios.

Hay que recordar que el año 2025, dicho órgano legislativo entre gastos y remodelaciones de las que nadie supo, se chutó en nueve meses, 559 millones de pesos. Aunque parezca paradójico, nadie audita al Congreso local. La Auditoría Superior de Fiscalización es su apéndice. Lo que llama la atención es la improductividad legislativa, además, obviamente, de la falta de oficio de la mayoría de legisladores y legisladoras.

Hace unos días el portal Zona Roja publicó en sus redes sociales, el ausentismo que prevalece en el edificio de San Raymundo Jalpan. De 42 representantes populares en el salón del pleno sólo se habían registrado 24. Es decir, no sólo están bien pagados, son muchos y además no asisten ni producen nada.

Desde luego que hay excepciones, pero son los y las menos. Hay temas en la agenda que poco son abordados. Prevalecen las ocurrencias, entre la entrega de reconocimientos y medallas, algo que se ha vuelto común para maquillar la incapacidad para elaborar iniciativas y decretos. Eso sí, el intercambio de descalificaciones y diatribas, lo han convertido en una arena pueblerina o, más bien, en un mercado.

Parte medular del llamado Plan “B” de la Reforma Electoral, figura, asimismo, la racionalidad en los cabildos municipales. Cada trienio se inventan nuevas regidurías. Plataforma para hacer negocios. Para crecer políticamente. Ediles que se despachan con la cuchara grande. Concejales que hacen sus propios cotos de poder y se extravían en politiquería pueblerina.

Si lo que se trata es de hacer ahorros y disponer los recursos municipales para atender prioridades sociales, en Oaxaca habrá que ir a fondo. No es un secreto que tenemos una atomizada estructura municipal, tanto de los que se rigen por sistemas normativos internos indígenas como de los que se eligen por partidos políticos. Cada uno, en su propio entorno, es un poder local, que muchos asumen como feudo o pequeña monarquía. (JPA)

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