Opinión Portada 

El comentario de hoy, jueves 22 de octubre:

Como en ninguna parte del país, el bloqueo de carreteras, cruceros, calles y oficinas de gobierno, se ha convertido en el deporte favorito de maestros, normalistas, transportistas, organizaciones sociales parasitarias del erario o comunidades. El bloqueo es para el oaxaqueño, una especie de mal incurable; un carcinoma nocivo, a la vez que una institución, que genera molestias, indignación, frustración y hasta psicosis, pero, ante la inacción de las autoridades no queda más remedio que seguir lamiendo la coyunda.

La semana anterior, de lunes a viernes, células del llamado Cártel 22, no negaron la cruz de su parroquia. Un grupo de no más de 20 personas, agarró algunas calles de la Colonia Reforma para volcar su bajeza. Se dice eran jubilados o miembros del llamado Programa de Apoyo y Asistencia a la Educación, en protesta porque los aviadores del IEEPO, habían dejado a sus hijos sin las plazas que ellos les habían heredado.

Durante 4 días vecinos de comunidades de la región mixe-zapoteca, mantuvieron el bloqueo carretero en el puente llamado “El Caracol”, obstruyendo dolosamente la circulación a la capital oaxaqueña, Veracruz, Chiapas, Huatulco y obviamente, a otras poblaciones istmeñas. La protesta fue liderada por San Juan Mazatlán, Mixe, una comunidad que durante años ha usado el chantaje de manera vil y perversa.

Cuestión sólo de recordar cuando en plena pandemia de Covid-19, por un conflicto intermunicipal, cerraron la carretera Transístmica. De nada sirvieron ruegos, llamados de las autoridades y escenas dolorosas, para que permitieran el paso. Hay videos y fotografías de familias cargando ataúdes de los suyos en plena carretera. O de camiones cargados de tanques de oxígeno para pacientes graves en Salina Cruz, Juchitán y Tehuantepec, varados. Todo ello, con absoluta impunidad.

En otra de sus protestas incendiaron vehículos de empresas y hasta mantuvieron secuestrada a una diputada local, para que el gobierno resolviera una de sus permanentes exigencias. El bloqueo carretero de la semana anterior tuvo como móviles exigir al gobierno la construcción de una carretera de San Juan Mazatlán a la agencia San José El Paraíso.

Una vía de 200 kilómetros que, por tratarse de una zona indígena, es de competencia federal. Además, que la Comisión Federal de Electricidad regularizara el suministro de energía. Otra más fuera de la competencia estatal. Aferrados en sus ruines medidas de presión y afectación a viajeros, transportistas y demás, ignoraron los llamados a las mesas de negociación. Es más, dejaron plantados a los funcionarios estatales y federales. 

¿No es tiempo ya de que el gobierno federal y estatal dejen atrás su cacareado mensaje de no a la represión y actúen con la fuerza de la ley, cuando los caminos del diálogo se han agotado? Existe la certeza de que miles de oaxaqueños habrían de aplaudir dicha acción. (JPA)

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