Opinión Portada 

El comentario de hoy, jueves 18 de diciembre 2025

Estamos a sólo dos días de que inicie la temporada vacacional decembrina y con ello, el arribo de miles de visitantes del país y el extranjero que estarán en la capital. Muchos sólo de paso, en su ruta a Puerto Escondido o Huatulco y transitar por ese infierno carretero: el tramo Barranca Larga-Ventanilla, escenario constante de accidentes mortales y en obra perpetua. Desde que la misma fue entregada a los oaxaqueños por el ex presidente López Obrador, sigue en obra, por deslaves, asentamientos, derrumbes.

Sin embargo, tal parece que la capital no presenta su mejor rostro para recibir al turismo. Las tareas de bacheo que se publicitan como logro del gobierno local, no han sido satisfactorias. Abundan por doquier los parajes lunares. El sistema de semáforos sigue dando de qué hablar. Frente a decenas de espectaculares, más publicidad futurista que resultados, la capital muestra los síntomas del abandono, la apatía institucional y el valemadrismo.

El jueves de la semana anterior se festejó, con un acto intrascendente, el trigésimo octavo aniversario de que el Centro Histórico de Oaxaca de Juárez fue incluido en la lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad, por la UNESCO. Pero una vez pasado el huateque, todo sigue igual. En vísperas de la Noche de Rábanos, Navidad y Año Nuevo, el “pueblote” en su máximo esplendor. Ni leyes ni reglamentos ni regulación para dignificar el citado patrimonio cultural que, para las autoridades locales, sólo ha sido un membrete.

El gran negocio que representan las ferias, festivales y muestras de todo tipo, ocupando los espacios públicos, no hay quien lo pare. El comercio en la vía pública ha alcanzado en este gobierno municipal, como en ninguno del pasado, certificado de naturalización. La ignorancia y el futurismo; la falta de compromiso con la ciudadanía y el protagonismo político, siguen dejando huella en una ciudad noble, que en estos últimos tiempos ha visto, como nunca antes -como dice el eslogan primaveral- los efectos de la simulación y la demagogia.

Llegan al cargo echando pestes del pasado y asumiendo que en breve tiempo resolverán todos los pendientes, pero al poco tiempo, con el sueño de brincar políticamente pierden el piso y el sentido de la realidad. Tienen, como dicen en mi tierra: entrada de caballo y salida de burro. La falta de oficio, de vocación de servicio y la inexperiencia en el servicio público siempre tienen sus altos costos, cuya principal afectada es la ciudadanía, harta ya de poses, ocurrencias y balandronadas. (JPA)

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