Opinión 

El comentario de hoy, jueves 1 de septiembre 2022

En tres meses la actual administración estatal concluirá su ciclo. No es fortuito que en los últimos días hayan arreciado las descalificaciones, la crítica y la presión de ciertas organizaciones sociales que instrumentan una y mil acciones de chantaje para lograr lo que todo mundo sabe que buscan: recursos frescos que se les han otorgado a sus dirigentes sin restricción alguna. Es decir, a fondo perdido. Sin transparentar su uso.

Esa historia viene de antaño. Y se ha convertido en una industria: la del chantaje. Golpean, cierran carreteras, bloquean vialidades y toman como rehén a la ciudadanía para que el gobierno les ofrezca en bandeja de plata los anhelados recursos millonarios. La pregunta que siempre nos hemos hecho es: ¿a cargo de qué? ¿Con qué argumentos exigen sin tener ninguna representación oficial o de elección popular? Pero todos le entran al negocio.

Diputados federales, locales y cualquier hijo de vecino inventa membretes, para obtener dinero, obras, concesiones y demás. Amenaza, despotrica y deja escurrir en redes sociales supuestos bloqueos carreteros para crear psicosis colectiva. Y ello lo hacen con absoluta impunidad. Están convencidos de que, al menos en este gobierno, jamás intervendrá la Policía Estatal para desalojarlos o aplicarles la ley.

La semana anterior fue un festín de abusos y atropellos. Bloqueos por doquier, todo con un objetivo: sacar dinero. El presidente López Obrador, pese a que haya mucho que no compartimos con él, ha dado una lección que ojalá se imite en los estados del país: los apoyos se habrán de otorgar de manera directa a los beneficiarios. Un rotundo no a los intermediarios. ¿Porqué en Oaxaca se les siguen dando a manos llenas, recursos, obras y una y mil prebendas?

La preocupación ciudadana es que si el gobernador electo, Salomón Jara, proviene de la llamada “lucha social”, ¿cuál será el tratamiento que dará su administración a ese directorio cada vez más numeroso de organizaciones y grupos? Porque de una cosa estamos ciertos. Si en verdad se quiere acotar su voracidad, hay que irles limitando los recursos que los mismos diputados validan al aprobar el Presupuesto anual.

El hoyo financiero que generan con sus exigencias millonarias no se justifica. El pueblo oaxaqueño tiene grandes carencias; hay un notable rezago en el medio rural, en donde se requieren con urgencia dichos recursos públicos. No es lo mismo entregarlos a municipios, agencias, comunidades o núcleos rurales, que darlos así, en bandeja de plata, a dirigentes sin escrúpulos y falsos redentores sociales, muchos de ellos que viven como virreyes, rodeados de lujos y excesos.(JPA)

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