Cué: No ha lugar a juicio político
El principal lastre que trae arrastrando el candidato del Partido del Trabajo (PT), a la gubernatura del estado, BENJAMÍN ROBLES MONTOYA, es la soterrada debilidad de la deslealtad. Hace sólo unos años muchos nos preguntábamos: ¿Y quién es ROBLES MONTOYA? ¿De dónde salió? ¿De dónde viene? En efecto, cuando arribó a Oaxaca de la mano de su amigo GABINO CUÉ, era un perfecto desconocido. Fue a la sombra del hoy gobernador que creció políticamente. Cuando GABINO fue presidente municipal con los colores del Partido Convergencia (PC) –hoy Movimiento Ciudadano (MC)- ROBLES estuvo junto a él. Lo mismo en la derrota del 2004, cuando ganó la gubernatura ULISES RUIZ, y CUÉ tuvo que refugiarse con sus amigos cercanos en la capital del país. “Es un buen operador”, decía GABINO a poco de haber iniciado su aventura al frente del gobierno de la alternancia.
Sin embargo, cuando el hoy gobernador creó a un onagro, fue cuando movió cuanto pudo para que ROBLES MONTOYA tuviera la candidatura al Senado. Hay quienes afirman que el que operó todo fue RENÉ BEJARANO, “El hombre de las ligas”. Y una vez trepado en el escaño, el ex senador, originario de la ciudad de México, avecindado durante mucho tiempo en Michoacán y luego en Oaxaca, se asumió “candidato natural” para la gubernatura. Ahí, para decirlo coloquialmente, la burra torció el rabo. Primero quiso apropiarse de la dirigencia del PRD. No lo logró. Luego movió los hilos para impedir la candidatura de JOSÉ ANTONIO ESTEFAN GARFIAS, por el PRD. Tampoco lo logró. Al ver frustradas sus aspiraciones de cuajar la candidatura por la izquierda, lo que hizo fue fracturar la coalición. Se registró por el PT y empezó a dar palos de ciego, cual orate.
Apuntó sus obuses contra el gobernador GABINO CUÉ, pidiendo al Congreso del Estado, juicio político por presuntos actos de corrupción y manejo indebido del presupuesto estatal. En una acción enfermiza, patológica y obsesiva, arremetió en contra de quien fuera su amigo y principal promotor. No contó en que si bien es cierto que la LXII Legislatura se ha caracterizado por su poca transparencia y mucha improductividad, aún existe dignidad entre los legisladores que, en mayoría, desecharon la solicitud de ROBLES MONTOYA. La resolución fue lapidaria: no ha lugar a juicio político. El hedor de la venganza, del ajuste de cuentas, el afán perverso de dañar, se estampó con un ejecutivo que dejó hacer y dejó pasar, convencido de que nada pasaría. En efecto, salió bien librado. (JPA)

