Coordenada 21 

Comprender al ser humano. Por Samael Hernández Ruiz

Por Samael HERNÁNDEZ RUÍZ

 

Se me ha hecho costumbre tomar este día de la crucifixión de Jesús el Cristo, como un tiempo de reflexión sobre temas trascendentales. En esta ocasión mi preocupación se centra en esta nuestra sociedad desbocada , como la llamó el sociólogo inglés Antonio Giddens.

No han sido pocos los que han intentado comprender y explicar las causas de tantos males en las sociedades humanas, y digo en las sociedades humanas, porque otras sociedades animales parecen funcionar a la perfección, me refiero a las hormigas, las abejas, las termitas y otros insectos parecidos, cuya organización responde muy bien a sus necesidades y no parecen tener conflictos internos.

No en balde la etología, la rama de la biología que estudia el comportamiento de los animales en su ambiente natural,  ha llamado la atención de los sociólogos; tanto que ha surgido la llamada sociobiología, uno de cuyos máximos exponentes es Eduard O. Wilson (The social conquest of earth. Liveright Publishing Corporation. New York and London. 2013).

Un dato curioso que proviene de esas fuentes, es que los etólogos clasifican a los animales en gregarios y eusociales; los gregarios son aquellos que viven en manada para cazar, los lobos, por ejemplo, y los eusociales, son los que además de vivir en colectividades, muestran rasgos de organización y solidaridad mutua. Quienes más acentuados tienen ambos rasgos, son insectos como las hormigas, las abejas y los seres humanos. De modo que nos parecemos más a las hormigas en nuestra conducta social que a los monos; aunque físicamente nos parezcamos más a los primates.

La pregunta es ¿por qué no logramos construir un orden social que funcione tan bien como el que lograron las hormigas? Planteo esto, porque es bien sabido que entre los primates, también hay conflictos y hasta guerras. ¿Por qué esto no existe en la organización de las hormigas y las abejas? Desde luego, sabemos de guerras entre distintas especies de hormigas y abejas; pero no tenemos noticias de guerras intestinas. Por otra parte, los intentos por comprender y explicar cómo funciona la organización de las hormigas es notable, tanto que se aproximan rápidamente a su modelación matemática ( ver por ejemplo: Jean Louis Deneubourg, et. al. Una estrategia basada en el error: el aprovechamiento de los recursos en las hormigas. En Ilya Prigogine. El tiempo y el devenir. Gedisa, 1996, pp. 55-63).

Llego con esto al tema sobre el que me interesa reflexionar.

Quizás consideraciones semejantes hayan motivado los radicales planteamientos de Niklas Luhmann (1927-1998), un sociólogo alemán que ha causado revuelo con sus teorías, en las que afirma que la sociedad no está constituida por seres humanos, sino por sistemas de comunicación.

Esta afirmación me recuerda la forma en como los etólogos estudian a las hormigas. De entrada no se preguntan si piensan o qué siente; parten del hecho de que el pensamiento y sentimientos de las hormigas, si los tuvieran y  fueran comunicables de algún modo, no podríamos entenderlos y muchos menos comprenderlos. Quizás estas situaciones facilitan el estudio de esos insectos, de lo contrario los etólogos estarían perdiendo su tiempo buscando comprender la naturaleza del espíritu hormiguil y sus posibles registros perdidos en el tiempo.

De manera semejante, Luhmann no se ocupa de lo que sienten o piensan los seres humanos, y así como los etólogos sólo observan aquello que creen que es la forma de comunicación de las hormigas entre ellas, Luhmann propone una teoría para observar la forma en como nos comunicamos los seres humanos, sin presuponer que pensamos, sentimos o cualquier otra cosa que refiera a la llamada naturaleza humana.

El problema, como lo reconoce el propio Luhmann, es que quienes observamos a la sociedad humana, también somos humanos y estamos insertos en ella. Por esta razón, el autor de la teoría general de los sistemas sociales, propone el concepto de auto-observación; pero antes, para eliminar la presencia humana de la teoría ( no de la realidad), parte de la distinción entre Sistema y Entorno.

Un sistema es una entidad que comienza por distinguirse de su entorno y lo hace de modo operativo, es decir, a partir de un proceso que no requiere de ningún tipo de sujeto para realizarse. Que algo así suceda por azar es improbable; pero no imposible.

Luhmann sostiene que esa improbabilidad sucedió de algún modo hace mucho tiempo y dio lugar a lo que conocemos como sociedad. La operación que emergió de la diferenciación con el entorno fue la comunicación. Cabe precisar que cuando Luhmann habla del entorno en este caso, se refiere a los seres humanos de carne y hueso; así, es la sociedad  el proceso de comunicación y por lo tanto, si queremos comprender a nuestra sociedad, debemos comenzar por estudiarla como  sistema de comunicación. A partir de aquí se complican las cosas y resulta que la teoría de Niklas Luhmann es una de las más difíciles de estudiar en sociología; pero vale la pena hacer el esfuerzo.

No podría ni siquiera hacer un resumen de los postulados de la teoría de Luhmann en este espacio, pero me ha parecido interesante reflexionar acerca de una forma de intentar comprender al ser humano, que comienza por eliminarlo del escenario.

Luhmann ha hecho un esfuerzo gigantesco al construir su teoría, se propuso construir el modelo que explique la comunicación humana como el proceso que nos permite la acción colectiva y lo logró; si que lo que su teoría postula es verdad o no, lo comprobarán los investigadores en ese campo.

Tal vez con el tiempo lleguemos a la conclusión de que todo lo que pensamos, todo lo que sentimos o soñamos, es propio de un individuo, pero difícilmente comunicable al resto de nuestra especie. Puede que lleguemos a la conclusión que es nuestro propio sistema de comunicación el que nos limita en nuestra acción de crear una mejor sociedad, simplemente porque no surgió marcado por esa necesidad de mejorar y porque no todo lo que queremos o pensamos, es comunicable al cien por ciento, dependemos de lo que el otro entienda acerca de lo que intentamos comunicar.

Tal vez al arte le esté reservada la función de lograr que la especie humana se logre comunicar mejor y emerja un proceso de evolución de los sistemas de comunicación que nos lleve a una vivencia de mayor intimidad con los demás y cambien las reglas del juego. Pero lo anterior requiere de que la mayoría logremos la satisfacción de nuestras necesidades básicas de alimentación, reproducción, seguridad, recreación y aceptación de la muerte natural, sin más.

Por lo pronto, las religiones, de todo tipo, ayudarán a reconfortarnos y a mantener viva la esperanza de que somos, a diferencia de las hormigas, redimibles. Ojalá.

TURISTAS-OAXACA

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