El comentario de hoy, jueves 19 de febrero 2026
Siempre hemos compartido la opinión de que, una cosa es ganar elecciones y otra, muy diferente, gobernar o legislar. Hay gobiernos en donde prevalece la actividad política y se deja al azar la administración. U otros, como en el gobierno federal pasado, en donde de manera torpe se exigía 10 por ciento de capacidad y 90 por ciento de lealtad. Los cargos públicos requieren de un perfil mínimo y también de experiencia.
Desafortunadamente, en estos tiempos llamados de transformación, se ha llenado la gestión pública con improvisados o advenedizos; activistas y matraqueros. Llegan al cargo y no tienen ni remota idea del paquete que tienen en sus manos. Así, van dando bandazos. Desconocen los más elementales rudimentos de la planeación, del manejo presupuestal y del personal. Acuden a las giras del ejecutivo federal o estatal, sólo para hacer bulto o tomarse la foto o la selfie.
En Oaxaca lo hemos visto en el pasado; lo vemos hoy mismo. Muchos han hecho carrera en la administración pública, incluso durante décadas para que, el llegar un nuevo régimen los manden a la calle. Así llegaron con la Primavera Oaxaqueña. La primera acción fue correr a quienes ocupaban puestos de mando, con el torpe argumento de que eran priístas. Un buen gobierno es para todos, no sólo para militantes de su partido.
Dando palos de ciego, ignorantes, echaron en saco roto la experiencia de quienes, sin militancia ninguna, sino sólo vendiendo sus servicios profesionales, lo mismo laboraron en gobiernos emanados del PRI que del PAN o de la izquierda. Y el resultado está a la vista. Han pasado tres años y muchos no han superado la curva del aprendizaje. Sus resultados al frente de las dependencias y entidades son nulos. Eso sí, la frivolidad y la soberbia a todas luces.
Un caso similar ocurre en el Congreso local. Diputados y diputadas que no saben ni leer las iniciativas o proyectos de decreto; que se duermen en la curul; que proponen estupideces. Que no tienen ni remota idea de la responsabilidad que tienen en sus manos. Hay asimismo ediles que se dedican a todo menos a responder a las expectativas ciudadanas. Llegan a ver qué se meten en el bolsillo o para soñar con otro cargo de elección popular.
Es increíble que ni un solo funcionario en los gobiernos estatal y municipal, se haya tomado la molestia de leer la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos y conocer que el nepotismo está penado. La administración pública no es legado familiar ni patrimonio de quien gobierna. No acaba de entenderse que, pese a las constantes y aberrantes reformas a modo a nuestra Constitución, aún prevalecen leyes vigentes.
Que la incompetencia y el uso indebido del presupuesto es corrupción. Es cierto pues, el que no sabe es como el que no ve. La peor ceguera es la ignorancia. (JPA)

