El comentario de hoy… viernes 4 de marzo de 2016

Es impresionante la forma como se ve en Oaxaca la política. Solamente observe usted la contaminación visual de nuestra capital, con una selva de espectaculares, anuncios, promocionales, etc., para darse cuenta que la efervescencia política es una locura. Con el registro de los candidatos a la gubernatura, de los aspirantes a diputados locales y presidentes municipales que se rigen por el sistema de partidos políticos, esa obsesión enfermiza ha llegado a niveles patológicos.
Si bien es cierto que mucho se dice que al menos el candidato priista forjaría el arribo de una nueva generación, en los hechos se observan los mismos vicios de antaño: el reciclaje y las mismas caras, sólo que más viejas y ajadas por el paso del tiempo. Es muchos sentidos estaríamos en breve viendo que aquellos que fueron diputados federales ahora quieren ser locales y éstos, quieren brincar a las presidencias municipales. Legisladores que jamás han levantado la mano para proponer alguna iniciativa, fomentar la aprobación de alguna ley que fortalezca nuestro sistema jurídico o algo relevante qué destacar, están prestos a dar el brinco.
En otro partido, el PRD, son verdaderos clanes que se han apropiado de los cargos de elección popular. Sin recato alguno, las mafias enquistadas en dicho partido parten y se reparten el suculento pastel de las candidaturas. Además de todo ello, cada candidato debe pagar prácticamente cuotas y compromisos con aquellos grupos que lo llevan al frente. Uno como ciudadano se pregunta a veces, si los legisladores que tenemos es verdaderamente lo que merecemos.
Sin duda alguna y sin que ello suene a denuesto o descalificación, vivimos una época diferente; del internet, de las redes sociales, del Facebook, el twitter o el whats app, pero tal parece que en cuestiones de política seguimos anclados en la prehistoria. El perfil de de algunos de nuestros flamantes legisladores federales es bajísimo, si se compara con los de otros estados. La justificación es que Oaxaca es una entidad pobre y rezagada. Eso no importa. Juárez nació hace doscientos diez años y se recibió de abogado, llegando a ser uno de los forjadores del México moderno.
Y es que el trasfondo de todo es uno: aquí el oficio político se ha desvirtuado, se ha prostituido. Ya no se trata de servir, de ser un factor de gobernabilidad o de gestión, sino de servirse con la cuchara grande sea de los recursos estatales o municipales. La política vista desde el prisma de la conveniencia, de la rentabilidad económica, de cambio de estatus social. He ahí la razón de esta patología irracional de querer entrar a la política a como dé lugar.
