EL COMENTARIO DE HOY, MIÉRCOLES 24 DE FEBRERO, 2016
La decisión del gobierno federal de hacer un recorte al gasto público, por cerca de 132 mil millones de pesos, ha creado preocupación en el pueblo mexicano. Se dice que es para hacer frente a la crisis en el entorno global, pero poco se dice de la pésima conducción en la política económica del país. Para los economistas, la subasta de 26 mil millones de dólares para proteger la fluctuación del peso mexicano y apostarle todo al petróleo, ha dado al traste con nuestra moneda.
Lo único que le ha dado respiro a nuestra economía han sido las remesas que envían nuestros paisanos en los Estados Unidos, que han representado un ingreso mayor que la misma venta de petróleo. Por fortuna, ello ha permitido que miles de familias oaxaqueñas vivan sin grandes privaciones, pues padres, hijos o hermanas que radican en la Unión Americana siguen enviando parte de sus ingresos para que los suyos en el terruño, puedan sobrevivir.
Sin embargo, ¿qué representa para Oaxaca el citado recorte presupuestal en el gobierno federal? Sin duda restricciones en las partidas presupuestales que se destinan al estado, además de que, como ya hemos observado y padecido en los últimos años, las grandes obras que tienen décadas en compás de espera, sigan en ese mismo estatus. Si bien es cierto que el gobernador Gabino Cué ha declarado que la súper al Istmo va en serio, no hay duda que la crisis que vive la empresa concesionaria, no representa una promesa convincente.
Somos una de las entidades del país que representan la cara burda del rezago, el subdesarrollo y la pobreza. Mucho se ha dicho que la Federación tiene un gran adeudo con nosotros, pero ello parece tener sin cuidado a quienes tienen en sus manos la toma de decisiones en este país. Un ejemplo es la puesta en marcha de las llamadas Zonas Económicas Prioritarias, que al menos hasta hoy han sido una ficción. Se publicitó la reconfiguración de la Refinería “Antonio Dovalí Jaime” de Salina Cruz; la construcción de un gasoducto, etc. Hasta este momento todo ello han sido puras promesas.
La euforia política y esa enfermedad que representan los procesos electorales, como el que se llevará a cabo el próximo cinco de junio, no permiten ver la realidad en la que vivimos. Se le apuesta a tal o cual partido o coalición; a tal candidato o al otro, pensando ingenuamente que representan la panacea a todos nuestros males. No obstante, el nuestro es un mal congénito: la polarización política y social; el encono; la descalificación, que encubre nuestra pobreza y estancamiento económico. Esperemos pues que el recorte anunciado, sea para Oaxaca no más que una amenaza menor. (JPA)
