El comentario de hoy, martes 31 de diciembre 2019

Ha concluido 2019 y con el año que termina, se van con él también, recuerdos, seres queridos, amigos, esperanzas rotas de lo que no se pudo alcanzar o proyectos fallidos que tampoco se pudieron lograr. La vida terrenal es cíclica. Hoy se cierra un ciclo e inicia otro. Nada ha concluido de manera definitiva. “Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar”, decía Fray Luis de León. La vida es un incesante devenir dijo Heráclito.
Ciertamente 2019 fue un año difícil y complejo. El país tuvo un crecimiento de cero en la economía. No obstante las promesas y expectativas oficiales, la inseguridad creció a niveles insospechados. Los grupos criminales hicieron suyas las calles y ciudades. Los homicidios dolosos se cuentan por miles en el país. Y lo peor, no existe una estrategia para detener este cruel e inédito exterminio humano.
Se avizoran tiempos difíciles. La evasión fiscal está ya tipificada como delincuencia organizada. No se combate una con las armas de la ley, pero se quiere equiparar otra, con medidas punitivas. Concluimos el año con una crisis diplomática inédita en la historia de nuestras relaciones con países hermanos. La gloriosa diplomacia mexicana que nos dio prestigio a nivel internacional con la doctrina Estrada y los principios de no intervención, concluye 2019 con la vergüenza a cuestas. Exhibida y vilipendiada.
En Oaxaca, en plena etapa de austeridad que, estoy convencido, ha sido una farsa, en un abierto doble discurso y doble moral, los pregoneros de la misma, se sirven con la cuchara grande. O ¿cómo explicar que en el Presupuesto de Egresos, para 2020, el Congreso del Estado, tenga asignada una partida mayor a los 600 millones de pesos? ¿O que la delegación de Bienestar haya gastado más de cinco millones de pesos en rentas, suministros, seguridad y viajes? Terminamos el año sin una sola obra pública relevante; con políticas de seguridad en entredicho; con subejercicios en ciertas dependencias, que muestran incapacidad o torpeza de los titulares. La gobernanza bajo la lupa; la protesta perpetua y el bloqueo nuestro de cada día. Pero el Año Nuevo trae también consigo su carga de esperanzas. Esperamos que en 2020 las cosas mejoren y que nuestras autoridades estatales y locales tengan la capacidad necesaria para emprender una cruzada que le permita a los oaxaqueños tener una mejor calidad de vida. Es lícita la exigencia de que queremos vivir en paz; transitar por la calle con tranquilidad; ejercer nuestro oficio y profesión sin sobresaltos ni temores. ¿Acaso eso es pedir mucho? (JPA)
