Opinión 

El comentario de hoy, martes 26 de junio de 2018

Esta semana concluyen las campañas políticas, de acuerdo al calendario que les marca a partidos y candidatos, el árbitro electoral. No sé si ustedes opinan lo mismo. Pero considero en lo personal, que se trató de un período demasiado largo, denso y sofocante en materia de elecciones. Primero fueron los procesos internos, con sus respectivas precampañas. Posteriormente vinieron las inter-campañas y, finalmente, las campañas.

Analistas políticos y estudiosos opinan que se trata de un proceso electoral histórico, no tanto por la competitividad sino por el número impresionante de personas que se habrán de elegir: presidente, senadores, diputados federales, diputados locales, presidentes municipales, además de que, en estados como Veracruz o Puebla, por decir solamente dos, se eligen gobernadores.

En este entorno, se han dado también escenarios de violencia política. Candidatos a diversos cargos de elección popular han sido asesinados. Otros tantos han sido objeto de atentados mortales. Los hechos de Juchitán de la madrugada del 2 de junio, obligó a los aspirantes de diversos partidos y coaliciones a suspender sus campañas y exigir seguridad. Funcionarios de primer nivel de órganos jurisdiccionales electorales, han reconocido el ambiente de violencia.

Algunas opiniones reconocidas las han calificado como las elecciones del odio; de las encuestas asfixiantes y tendenciosas; de los memes y el escarnio público. He ahí el porqué de la iniciativa de grupos de artistas, intelectuales y sociedad civil, emprendida por el actor Diego Luna, para llamar a la unidad nacional, independientemente de los resultados. La premisa es: México es mucho más grande que candidatos y partidos políticos.

Nadie, absolutamente nadie quiere un escenario de violencia y confrontación o que los mexicanos y oaxaqueños quedemos llenos de odio y encono. Mucho se ha dicho de cada candidato. Los medios han sido explícitos en ello. Cada ciudadano pues, es responsable de su voto y de la decisión que haya asumido al respecto. Y en la democracia representativa se gana o se pierde por un voto.

Es cierto, no siempre la tendencia apabullante del voto decide por el mejor. Se habla asimismo, de la dictadura de las mayorías. Pero ésas son las reglas y nadie las puede cambiar. El árbitro electoral y los órganos jurisdiccionales, validarán números y la voluntad mayoritaria del pueblo. Se espera que estas elecciones sean las más participativas del México contemporáneo. Todo ello depende de cada uno de nosotros. (JPA)

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