El comentario de hoy, martes 15 de junio 2021
El pasado fin de semana, por enésima ocasión, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador estuvo en territorio oaxaqueño. No es un secreto, Oaxaca es como su feudo. Vino a supervisar la situación de algunos de los programas sociales que puso en marcha la 4T, como los llamados Bienestar, Caminos Rurales y carreteras. Pinotepa Nacional, San Vicente Coatlán y Santo Domingo Tepuxtepec, fueron algunas de las comunidades visitadas.
Con al menos 23 visitas, creemos que algunos de los grandes proyectos ya deberían haberse concluido, como es el caso de las carreteras a la Costa y al Istmo. Pero ahí siguen, a paso de cojo. Capítulo aparte merece el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec que, a decir de observadores y funcionarios estatales, no ha avanzado ni un ápice. Es decir, hasta la fecha, todo ha sido una ficción. Cualquier ciudadano istmeño puede constatar el nulo avance de este proyecto.
Y no se trata sólo de la visión de los medios de comunicación, a quienes el pasado viernes, en su homilía mañanera, el presidente acusó de “inmorales y faltos de ética” o del punto de vista de los “intelectuales orgánicos”, a quienes calificó de serviles al poder económico. Tampoco se trata de una tesis de los conservadores, neoliberales o la clase media ilustrada, su platillo favorito y cotidiano, sino de la realidad simple y llana. Los proyectos carreteros y el corredor interoceánico han sido hasta hoy, puro jarabe de pico.
Oaxaca tiene algo más que votos. Tiene recursos naturales, una posición geográfica y estratégica única, gran diversidad cultural y una ubicación envidiable en el litoral del Pacífico, en lo que se refiere a polos de desarrollo turístico. Este pueblo noble merece respeto. Que no se nos vea sólo como feudo político o bajo el prisma de la conveniencia partidista. Porque el interés genuino de contribuir al desarrollo de la entidad, no se ha visto por ninguna parte.
En el pasado proceso electoral, el partido Movimiento de Regeneración Nacional -Morena- de nueva cuenta se posicionó en la entidad. Los diez diputados federales de mayoría relativa, son de dicho partido. Es decir, se repite la situación de hace tres años. Sin embargo, es lamentable nuestra pobreza de iniciativas, de gestión, de capacidad de debate. Lo único que han hecho hasta hoy, y seguramente harán los tres años adicionales, será levantar el dedo y rendirle tributo al Tlatoani. Incapaces de hacer suya la demanda de justicia histórica hacia los oaxaqueños, bien pueden inscribirse en los epítetos que luego de la elección les dedicaron en una mañanera: son de aquellos que sólo ven su conveniencia e intereses personales. Para ellos, bien podemos esperar las cacareadas carreteras otros veinte o más años. (JPA)

