El comentario de hoy, jueves 8 de julio 2021
Uno de los temas de la agenda política municipal, que ha sido soslayado por completo, es el del comercio en la vía pública. Es impresionante el crecimiento, la anarquía y la invasión impune de calles, banquetas, explanadas. En el Andador Turístico, en las calles de Macedonio Alcalá, cada día aparece un nuevo huésped. Las inmediaciones del ex Convento de Santo Domingo de Guzmán, uno de nuestros monumentos históricos más emblemáticos, están hoy en día saturadas de puestos de mercancía, no precisamente de artesanos oaxaqueños. La pregunta es: ¿Cómo se llegó a esos extremos?
En innegable que todos tenemos derecho a ganarnos la vida. Es cierto. Pero también lo es, que las calles de una ciudad colonial como es la capital oaxaqueña, no son mercados. El espectáculo del comercio informal es simplemente deplorable. Pero ninguno de los dos órdenes de gobierno quiere entrarle. Hay temor a desalojar a comerciantes que pertenecen a grupos y organizaciones que, así como así, se apropiaron de nuestros espacios comunes. En el Zócalo tienen obstruidos hasta los pasillos. Mantienen copados las inmediaciones de los mercados.
Durante su campaña política para la presidencia municipal, el edil electo, Francisco Martínez Neri abrió una luz de esperanza para recuperar nuestro Centro Histórico: el diálogo con los comerciantes -no con los liderazgos- y la urgente necesidad de aplicar la ley. El tema del comercio en la vía pública, asumimos, es una de sus prioridades. Y es que en los dos últimos años el número de ambulantes se ha triplicado. Es más, se sabe que hasta funcionarios municipales ya tienen sus puestos. Y desde adentro han reconocido que también es un problema de corrupción.
Hay demasiados intereses dentro del negocio. Y la violencia ante cualquier amenaza de regulación o sanción, está presente. Ya se vio hace unos meses, cuando un sujeto golpeó a un inspector municipal provocándole después la muerte. Esto hubiera sido causa suficiente para intervenir. Pero no. Ha sido más fácil dejar hacer y dejar pasar, y ver el devenir del problema desde la comodidad de la oficina o del sillón del escritorio. Esta apatía e irresponsabilidad ha sido bien aprovechada por los manejadores del comercio en la vía pública. Por encima de los derechos de quienes de esta manera se ganan la vida, deben prevalecer los de toda la ciudadanía que exige restituir los espacios comunes a nuestra capital. Y es ahí en donde la autoridad tiene que justificar cualquier acción que emprenda para devolverle a Oaxaca de Juárez, su ancestral señorío y dignidad. (JPA)

