El comentario de hoy, jueves 21 de abril de 2016
Es impresionante la apatía o simple ignorancia, con la que las autoridades estatales han visto el incremento brutal a la criminalidad en el Istmo de Tehuantepec. En menos de dos semanas se han dado al menos veinte ejecuciones, que muestran con claridad la descomposición que existe en materia de seguridad, particularmente en Juchitán de Zaragoza. Ahí mismo, se han incubado una serie de complicidades entre autoridades y delincuencia común, cuyos coletazos están llevando a dicha ciudad istmeña a convertirse en una tierra de nadie.
Esta situación contrasta con la importancia que sigue teniendo la región del istmo en el mapa geopolítico de la Federación y de las empresas privadas que generan energía limpia. Decenas se han asentado ahí, con inversiones millonarias. Pero dichas empresas, están al menos bajo el acoso de tres instancias: los grupos criminales y la delincuencia común; el que ha impuesto el ayuntamiento de Juchitán para cobrar impuestos y la constante extorsión a que son sometidas por organizaciones como COCEI, la Asamblea Popular del Pueblo de Juchitán o los llamados defensores del territorio.
La semana pasada en la tribuna del Senado de la República, el senador originario de El Espinal, Jorge Toledo Luis, pronunció un discurso lacerante, para apoyar la iniciativa presidencial de poner en marcha las llamadas zonas económicas especiales. Mencionó nuestras raíces indígenas, bajo la premisa de que estamos pobres, pero no lo somos. Ponderó nuestros vastos recursos y lo que ello puede representar para nuestro desarrollo regional. Situó su mensaje en torno al potencial que tiene el Istmo de Tehuantepec.
Ojalá que ello incida asimismo para reforzar los mecanismos de seguridad. Las voces de los empresarios y la sociedad civil juchiteca no han podido calar hondo en el ánimo ni del gobierno estatal ni, mucho menos del federal. Nuestras pujantes capitales istmeñas, casi bajo fuego como algunas ciudades en Michoacán o en Guerrero. Pese a ello, hay instancias oficiales que siguen con el mito de que Oaxaca es una de las entidades más seguras del país. Esa invención genial que dejaron algunos en regímenes pasados.
Por supuesto que no. Cualquier análisis policial nos mostrará una realidad que no es la de los discursos oficiales. La ejecución diaria de al menos dos personas en Juchitán; la cifra escalofriante de más de 30 en lo que va del año, e incluso, las que hemos padecido en los Valles Centrales, echan por tierra las cuentas alegres y las fanfarrias. Nada, absolutamente nada para echar las campanas al vuelo. (JPA)
