Opinión 

El comentario de hoy, jueves 20 de septiembre 2018

Uno de los temas candentes en Oaxaca desde hace varios meses es el del mezcal. Primero fueron los dimes y diretes para la elección de la mesa directiva del Consejo Mexicano Regulador de la Calidad del Mezcal -COMERCAM-, en donde finalmente se reeligió el químico Hipócrates Nolasco; luego vendría la torpe decisión del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial –el IMPI- de otorgar la denominación de origen a tres entidades: Estado de México, Morelos y Aguascalientes.

Si bien es cierto que dicha situación había trascendido desde hace al menos dos años, habida cuenta de que el mezcal –nuestra bebida tradicional y ancestral- se ha puesto de moda no sólo en todo el país, sino en la Unión Americana, Europa y Asia, no se tomaron las medidas prudentes desde el punto de vista de la defensa legal. No tengo la menor duda que el mezcal es nuestro y de nadie más, independientemente que en otros estados la siembra del agave y la producción artesanal tenga como producto algo denominado mezcal.

La respuesta del gobierno estatal, más allá de protestas callejeras y los sobados métodos de la consigna, debe ser una postura jurídica determinante. Nuestra bebida ancestral ha devenido negocio de empresarios foráneos que, sin soslayar su libertad de invertir en su producción, han supeditado a nuestros productores locales. Los verdaderos maestros mezcaleros y productores del destilado, han quedado a la zaga de aquellos que con más capital pueden ganar con facilidad los mercados internacionales.

Reconozco que hay varios de nuestros productores artesanales que han logrado permear en dichos mercados. Y lo han hecho con éxito. Lo relevante aquí es que tengan los mecanismos institucionales y el apoyo gubernamental para seguir promoviendo sus productos. Y es que la semana un diario de la capital del país publicó una nota en la que aparecen cinco personas a las que denomina “Los reyes del mezcal”. Obvio, ninguno de ellos oaxaqueño.

Para éstos, hay que ampliar la denominación de origen a más de los estados que hoy la tienen, pues en su torpe idea, haría del destilado un negocio más redituable –seguramente para ellos-. Ante ello, en mi modesta opinión y sin ser un experto en el tema, el gobierno estatal debe irse a fondo en el tema de la denominación de origen. Que nadie nos regatee que el mezcal es nuestro y mencionar el destilado es referirse a Oaxaca. ¿O habrá algún despistado que guste de tomar un destilado de agave silvestre del Estado de México o Aguascalientes? Digo, porque en gustos se rompen géneros –dice un refrán popular-. (JPA)

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