El comentario de hoy, jueves 17 de marzo, 2016

De nueva cuenta y ante el anticipado relevo en la rectoría, nuestra Alma Mater, la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca –la UABJO- sigue presa de la violencia y la inestabilidad. No es casual que sea en tiempos electorales. Tampoco la desestabilización es fortuita. Hay señalamientos severos y graves hacia la rectoría, como es la investigación que lleva a cabo la Auditoría Superior de la Federación sobre un presunto desvío de al menos 56 millones de pesos y otros temas.
Los opositores a la rectoría argumentan que en la pasada instalación del Consejo Universitario no se cuidaron las formas estatutarias; que se quiso imponer como consejeros a incondicionales que no cumplen con los requisitos. Se ha documentado asimismo, nepotismo galopante, condensado en una “familia real”. Un vicio aberrante que vulnera la Ley de Responsabilidades de los servidores públicos y la misma Ley Orgánica de la institución. Desde luego que ello no justificó la violencia, la que la misma comunidad universitaria ha deplorado y rechazado.
El presupuesto que se otorga a la UABJO es miserable respecto al que se da a otras universidades. Se dice que alrededor de 900 millones. A nivel nacional, frente a otras universidades que en los años setenta vivieron verdaderas crisis y violencia, la única que no ha superado ese estigma es nuestra Máxima Casa de Estudios. Y es que aquí las mafias, los cotos de poder, el porrismo, el nepotismo y otros vicios, han sentado sus reales. Más aún, la atomización de sindicatos que materialmente succionan el magro presupuesto.

Nada cambió en la actual administración universitaria. Por el contrario, esos vicios se exacerbaron. La corrupción, la venta indiscriminada de calificaciones, de exámenes profesionales y la ubicación de golpeadores como coordinadores en algunas carreras, como es el caso de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, da una idea del grado tan lamentable en que se encuentra la universidad favorita de los oaxaqueños, que buscan una institución para formarse como profesionales.
Para cambiar el destino de la UABJO hacen falta medidas severas. Pero debe cambiar. No podemos seguir arrastrando entre otras cosas, una institución que algún día fue forjadora de grandes hombres y hoy se ha transformado en un eje de anarquía y violencia. Para quienes desestabilizan y prohíjan la violencia, hay que aplicarles la vieja máxima que dicen acuñó don Porfirio Díaz: cuando se agotaron los métodos disuasivos y convincentes, no queda más que el encierro o el destierro. Pero nada de medias tintas.

